sábado, 26 de marzo de 2011
Mi pequeña utopía
miércoles, 16 de marzo de 2011
La nefasta división del trabajo V: los argumentos a favor de la división del trabajo
Los argumentos a favor de la división del trabajo se pueden clasificar en dos grupos:
· el descriptivo “no todo el mundo puede hacer de todo” y
· el normativo “no es eficiente que todo el mundo haga de todo”.
A la primera afirmación baste responder que obviamente no es que no exista ninguna diferencia entre nosotros. Pero las diferencias reales de nuestras capacidades al momento de nacer son mucho (¡infinitamente!) menores que las diferencias producidas posteriormente por nuestra condición social. Negarlo significa lastrar un deje biologista que ya debíamos haber abandonado en el siglo XIX.
A la segunda, por el contrario, no hay mucho que objetar. Efectivamente el reparto de tareas y la especialización aumentan la eficiencia en la ejecución colectiva de tareas. Tampoco se trata de hacer apología de la ineficiencia, a fin de cuentas somos seres sociales y no estamos hechos para que cada uno se valga por sí mismo.
Pero tampoco deberíamos olvidar que la eficiencia no es la principal necesidad humana (ni siquiera es una necesidad humana, estrictamente hablando) y, por tanto, debería dejar de ser la excusa-comodín para todo. Deberíamos recordar que la división del trabajo, lejos de ser la panacea, es un campo minado de dinámicas sociales perversas y daños a la integridad del individuo.
No deja de ser curioso, por lo demás, cómo las ideologías liberales y el capitalismo, siempre tan reacios a hablar en términos de lo social o del bien colectivo, al mismo tiempo exigen que el sistema educativo (¡público!) maximice la especialización teniendo bajo el brazo un único argumento merecedor de tal nombre... el de la eficiencia agregada. Es curioso.
La nefasta división del trabajo I
La nefasta división del trabajo II: trabajadores manuales y trabajadores intelectuales
La nefasta división del trabajo III: tareas productivas y tareas reproductivas
La nefasta división del trabajo IV: compartimentación del saber
miércoles, 9 de marzo de 2011
La nefasta división del trabajo IV: la compartimentación del saber
No se trata aquí de una división jerarquizante como las anteriores: lo que quiero decir es sencillamente que cada vez sabemos más de menos y ello tiene algunas implicaciones problemáticas. Al principio, todo era Filosofía. Los filósofos se ocupaban de todo: la Física, las Matemáticas, la Sociedad, la Naturaleza… y con frecuencia también eran literatos o poetas. Pero ya en el siglo XVIII son escasos los sabios que son hombres de Ciencias y de Letras al mismo tiempo. Y en el siglo XIX el divorcio entre Ciencias Naturales y Ciencias Sociales es definitivo. Dentro de estas últimas, sin embargo, sobreviven aún autores enciclopédicos, generalistas que abarcan lo económico, lo sociológico, lo antropológico, lo psicológico… En el XX incluso esto se habrá acabado. En adelante, ya no existirá el sabio sino tan sólo el experto.
No cabe duda de lo que ha supuesto todo ello para el expansión cuantitativa del cuerpo del conocimiento. Pero al mismo tiempo se ha perdido perspectiva, riqueza y también comprensión. Porque la comprensión de las cosas es la capacidad de relacionarlas, de entenderlas en relación con el mundo (social y natural) en el que vivimos. Una cuestión de tener perspectiva.
Ya será muy difícil encontrar un físico poeta. O un biólogo que entienda las dinámicas sociales. Pocos historiadores se interesarán por la Historia Natural. Y, dentro de las Ciencias Sociales, antropólogos, politólogos, sociólogos, economistas y psicólogos sociales librarán una absurda, mezquina y contraproducente lucha por el territorio disciplinar.
Los científicos son con demasiada frecuencia tecnócratas sin conciencia ni interés por su lugar dentro del espacio social. A veces, auténticos mercenarios sin escrúpulos y sin valores. Los humanistas y los letrados se convierten en ideólogos profesionales a sueldo de partidos, medios de comunicación, sindicatos y, sobre todo, del capital (que es, al final, quien paga la ronda, aunque otros la administren).
Ello significa además que la compartimentación del saber llevada al extremo no solamente hace daño al sujeto en sí (limitando sus horizontes y condenándolo a preguntarse tan sólo por una ínfima parcela de la realidad), sino que también perjudica a todos los demás, generando un tropel de tecnócratas e ideólogos que, con el argumento de su exclusiva pericia, conforman reservas de saber en las que nadie más puede entrar. Algo parecido a como antaño se debían aceptar las opiniones de los curas porque eran los únicos que sabían leer y eran versados en las Sagradas Escrituras.
La nefasta división del trabajo I
La nefasta división del trabajo II: trabajadores manuales y trabajadores intelectuales
La nefasta división del trabajo III: tareas productivas y tareas reproductivas
La nefasta división del trabajo V: los argumentos a favor de la división del trabajo
sábado, 5 de marzo de 2011
¿Huelga o nada?
viernes, 4 de marzo de 2011
Comisiones, adeu!

Tras bastantes años dando la cara por el sindicato, habiendo militado como el que más y habiendo llevado una sección durante tres años, decidí, hará un mes, dejar Comisiones Obreras.
Dar legitimidad a una medida injusta y antisocial, que -todos los estudios lo apuntan- causará graves situaciones de pobreza en la futura tercera edad.
- Sostener al PSOE, un Titanic que se está hundiendo.
- Desacreditar a los sindicatos mayoritarios, ahuyentando de ellos más todavia a los elementos más coherentes, más íntegros, con mayor voluntad transformadora y, lo cual es grave, a muchos jóvenes que ya estaban contemplándolos con gran escepticismo.
- Garantizar a sus cúpulas la continuidad en su papel de interlocutores formalmente legitimados. Son, por tanto, dentro de los sindicatos, los únicos beneficiados de la operación.
- DE LOS TRABAJADORES. Por razones evidentes.
- DE LOS PROPIOS SINDICATOS. Dentro de unos años, los sindicatos serán como cualquier empresa privada: una cúpula directiva que manda exclusivamente en beneficio propio, un plantel de técnicos asalariados sin otro interés que el de hacer su jornada y largarse, y una cartera de clientes (de momento, conocidos como afiliados). Pero el error está en que la fuerza de un sindicato está en su apoyo social. Y éste no se obtiene de clientes.
- DEL SINDICALISMO. Ojalá los descontentos se escindieran o se fueran a otro sindicato... Pero mucho me temo que eso no va a pasar. La gran mayoría de los decepcionados abandonarán la lucha, hartos de todo. Pasarán a engrosar las ya amplias filas de los que ya pasan de todo. Y encima alguno de los culpables tendrá la desfachatez de echárselo en cara... Así que esto se podría considerar un golpe para el futuro del sindicalismo en general, no solamente de Comisiones y UGT.
Lo que sí tengo claro es que, allá donde esté, seguiré haciendo sindicalismo, aunque no tenga un sindicato al lado. La dignidad del trabajo siempre ha estado y estará por encima de siglas y banderas.miércoles, 2 de marzo de 2011
La nefasta división del trabajo III: tareas productivas y tareas reproductivas
Una de las piruetas más polémicas e ideológicas de las Ciencias Sociales fue sacarse de la manga estos dos términos para designar las tareas que (casualidad o no) realizan principalmente los varones las primeras y principalmente las mujeres las segundas.
La división sexual del trabajo, al menos tal como se ha dado históricamente en las civilizaciones monoteístas durante el período preindusrial, ha sido un claro causante de la jerarquización de los géneros. El espacio público (el del poder, reconocimiento, visibilidad...) ha estado siempre reservado al hombre; el espacio privado, a la mujer. Hoy las cosas van cambiando pero la inercia cultural sigue siendo fuerte e, incluso cuando la mujer tiene un empleo remunerado, en muchos casos se da lo que las teorías de género denominan doble jornada: al final la mujer trabaja el doble, fuera y dentro del hogar.
Al igual que en la división entre manuales y no manuales, el ganador es menos ganador de lo que aparenta. En un contexto en que la mujer es libre de entrar y salir en el matrimonio el varón está expuesto a quedarse solo en cualquier momento, y entonces, si nunca ha aprendido a valerse mínimamente por sí mismo... ¿qué? Eso por un lado.
Y por el otro, la situación económica real (paro galopante, precariedad del empleo y salarios de supervivencia) no se ajusta al imperativo cultural de que él es quien debe mantener el hogar. Lo que supone un continuo acoso a su autoestima. El hombre se siente menos hombre porque la idea de cómo debe ser un hombre que le han metido en la cabeza es incompatible con la realidad que le ha tocado vivir.
Y por último hay que recordar que sigue habiendo muchas mujeres que tienen los imperativos de la división sexual del trabajo tan interiorizados que continúan, con un patetismo insoportable para los tiempos que corren, reivindicando explícitamente su posición subalterna.
La nefasta división del trabajo I
La nefasta división del trabajo II: trabajadores manuales y trabajadores intelectuales
La nefasta división del trabajo IV: la compartimentación de saberesLa nefasta división del trabajo V: los argumentos a favor de la división del trabajo
jueves, 24 de febrero de 2011
Prostituir tu sonrisa
Por otro lado... una persona con dignidad y respeto por sí misma simplemente no vale para un trabajo así.
miércoles, 23 de febrero de 2011
La nefasta división del trabajo II: trabajadores manuales y trabajadores intelectuales
En un extremo, bestialización: conversión de personas en animales de carga. Exactamente así es como perciben los mandos directivos a sus trabajadores manuales. Para ellos la única diferencia con una mula o un buey son las formas en que se consigue su sumisión. Por toda la sociedad se extiende este desprecio hacia el trabajo manual, considerado el último escalón de la “pirámide” productiva. A veces, impregna incluso las actitudes más íntimas de aquellos que supuestamente están llamados a defender los derechos de los trabajadores: intelectuales, políticos y hasta sindicalistas de izquierdas.
El desprecio, aunque basado en ideología pura, tiene consecuencias reales: la víctima lo interioriza y ve dañada su autoestima o la mantiene devaluando el conocimiento y sobrevaluando otros aspectos en los que se siente más segura (como, por ejemplo, la fuerza física o la capacidad de ingerir más alcohol, valores abiertamente declarados por determinadas culturas obreras).
Y es que una sociedad que no cree posible la existencia de un obrero educado evidentemente... producirá obreros no educados. Personas que por ello verán empobrecidas sus vidas, al tiempo que carecerán de instrumentos cognitivos necesarios para tener una conciencia amplia y profunda de los hechos sociales y de su propia condición social. Perpetuándola.
Pero los ganadores de este reparto tampoco ganan por mucho. Es verdad que se quedan con unos puestos más cotizados y con la mejor parte del botín, pero uno de los precios a pagar es una fuerte desnaturalización de su estilo de vida. El ser humano requiere un esfuerzo físico regular para ser feliz tanto a corto (por las endorfinas que produce) como a largo (por la salud y la forma física imprescindibles para poder disfrutar de la vida) plazos. El que no lo realiza de forma natural en sus tareas cotidianas, bien se lo pierde (¡y no es poco lo que se pierde!), bien se tiene que obligar a gastar su escaso tiempo de ocio –y con frecuencia bastante dinero- en hacer alguna clase de ejercicio prefabricado.
Es un hecho que los trabajadores manuales gozan de mejor salud mental. Con frecuencia les azotan otras duras enfermedades profesionales pero desde luego tienen menos depresiones, estrés, insomnio, etc. Muchos directivos, mandos intermedios o trabajadores de cara al público, por ejemplo, simplemente no tienen demasiadas ventajas comparativas en el mercado laboral y, para evitar ser manuales, venden lo único que les queda: su salud mental. Su trabajo les garantiza así un importante nivel mínimo de infelicidad en sus vidas.
Y por último un peligro de no hacer nada con las manos es simplemente el de convertirse en un inútil. El que sólo trabaja con su cabeza podrá ser muy listo, pero de poco le servirá ello en determinadas situaciones de la vida. La seguridad es una necesidad natural humana que implica “tener la situación bajo control”. Y nada aporta más sensación de control que tener el dominio del cuerpo propio.
La nefasta división del trabajo I
La nefasta división del trabajo III: tareas productivas y tareas reproductivas
La nefasta división del trabajo IV: la compartimentación de saberes
La nefasta división del trabajo V: los argumentos a favor de la división del trabajo
miércoles, 16 de febrero de 2011
La nefasta división del trabajo I
Que sí, ya lo sé, la fábrica de alfileres, tal y cual...
Creo que tenemos bastante interiorizada la conciencia de lo eficientes que nos hace la división del trabajo. De lo que quiero hablar aquí es de lo infelices que nos hace. De lo incompletos que somos por su culpa. De cómo es un obstáculo para nuestra realización. De cómo nos convierte en seres sin visión, sin comprensión de las cosas. En monstruos deformados con unos órganos atrofiados y otros hipertrofiados. Independientemente de si nuestra propia posición en la llamada escala social se ve favorecida por ella o no.
Los argumentos igualitaristas no están de moda ni siquiera entre las personas de izquierda. Pero no estará de más recordar también que la división del trabajo, o al menos ciertas formas de la división del trabajo, son causa y consecuencia de injusticias y graves desigualdades.
Determinados roles colocan a ciertas personas en nudos de poder. El círculo se cierra cuando ellos utilizan ese poder para decidir sobre la propia reasignación de roles (por tanto, de poder). El sistema tiende a reproducirse en una dinámica en la que el reparto de roles es muy poco inocente y alejado de los ideológicamente proclamados criterios de la meritocracia. Volviéndose en ocasiones… abiertamente ineficiente sin que haya ningún correctivo del mercado que valga.
La nefasta división del trabajo II: trabajadores manuales y trabajadores intelectuales
La nefasta división del trabajo III: tareas productivas y tareas reproductivas
La nefasta división del trabajo IV: la compartimentación del saber
La nefasta división del trabajo V: los argumentos a favor de la división del trabajo