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lunes, 19 de diciembre de 2011

El 15-M y el nacionalismo catalán

Ha sido muy cursioso observar la relación que se ha constituido entre los nacionalismos centrífugos del Estado español y el 15-M desde su aparición en escena. En Galicia, al parecer, algunas de las principales asambleas han tenido una presencia apabullante de independentistas gallegos y, bajo su influjo, han adoptado, desde muy pronto, resoluciones a favor de la autodeterminación y la lengua gallega. En el País Vasco, por el contrario, una parte mayoritaria del abertzalismo ha visto con escepticismo, cuando no con apenas disimulada hostilidad, la irrupción de unos advenedizos en esas calles y plazas en las que ellos llevaban tanto tiempo reivindicando justicia social y nacional para Euskal Herria.

Cataluña también ha seguido una deriva peculiar.

Por un lado, el derecho a la autodeterminación no ha sido incluido, de momento, en la mayoría de los manifiestos de mínimos. Y en la acampada de pl. Cataluña estuvieron presentes, en su momento, personajes lamentables como el cansino nacionalista español Francisco Garrobo (de UPyD) en la Comisión de Comunicación. También es verdad que en las asambleas se viene hablando mucho más castellano del que en Cataluña se suele oír en las reuniones públicas.

Pero nada de ello ha implicado rechazo por parte del nacionalismo catalán. Todo lo contrario: incluso los independentistas organizados en las CUP han sido los impulsores de numerosas asambleas a lo largo y ancho del país. Y cuando el derecho a la autodeterminación no ha sido contemplado entre los mínimos ello en absoluto ha sido por que no contara con un apoyo mayoritario, sino por la voluntad de máximo consenso que en todo momento ha caracterizado al movimiento.

Desde donde sí se ha intoxicado -sin oponerse frontalmente- la imagen del 15-M, intentando presentarlo como un nido de catalanofobia, una especie de enemigo en casa, ha sido de ese difuso conglomerado que es el independentismo interclasista (o sea, de derechas). Molestos con que, después de haber estado la independencia bajo todos los focos en los últimos años, ahora el tema estrella de la agenda popular se hubiera vuelto la justicia social, se han dedicado a lanzar mentiras desde medios tan importantes como el diario Avui. Entre las afirmaciones que he llegado a recoger estaban tales como que los partidarios de incluir la autodeterminación hubieran trabajado en un ambiente de amenaza o que se hubieran puesto trabas para el uso del catalán.

Pero no hay nada más falso que la acusación de españolismo lanzada contra el 15-M. En mi opinión personal, el movimiento simplemente molesta porque expresa la pérdida de legitimidad del engranaje institucional -y de sus portavoces, los grandes medios- y por eso le caen palos desde todos lados: desde el Avui hasta La Razón. Así de sencillo.

viernes, 21 de mayo de 2010

La excepcionalidad del antisemitismo

La unicidad de todo pueblo (o de toda nación, llámese como quiera) es una realidad fáctica, indiscutible. Pero esta unicidad del caso no puede ignorar la comunidad del género: todos los pueblos tienen más en común de lo que tienen de únicos. Y, más aún, su unicidad es parte del fundamento de su igualdad moral.

Cuando se olvida todo esto, la unicidad se convierte en un fetiche. Una realidad fáctica se instrumentaliza para justificar prejuicios. Me serviré para ilustrarlo de las reflexiones de Vasili Grossman sobre el antisemitismo (cap. 32 de la Segunda Parte de Vida y Destino).
El antisemitismo es reflejo de defectos propios de algunas personas particulares, de ordenamientos sociales y de sistemas estatales. Dime de qué acusas a los judíos y te diré de qué eres culpable. (...)
El antisemitismo expresa la mediocridad, la incapacidad para ganar en la vida en igualdad de condiciones (...).
El antisemitismo expresa la inconsciencia de las masas populares, incapaces de comprender las causas de su infortunio y sufrimiento. (...)
El antisemitismo es la medida de los prejuicios religiosos, latentes en los bajos fondos de las sociedades.
Nada de esto es aplicable en exclusiva al antisemitismo. En cualquiera de estas afirmaciones "antisemitismo" puede sustituirse por "racismo" sin el menor perjuicio para su veracidad. Pero ello no impide al autor afirmar a continuación:
"El hombre que expresa su asco ante los cabellos rizados o ante la expresión gesticular del judío, se maravilla, sin embargo, ante los cabellos rizados de los niños de los cuadros de Murillo, se muestra indiferente ante el habla gutural y la gesticulación de los armenios, contempla amigablemente al negro de los labios azulados.
El antisemitismo es un fenómeno especial de entre las persecuciones a las que han sido sometidas las minorías nacionales. Es un fenómeno especial porque el destino histórico de los judíos se ha ido trazando de forma singular, especial.
A ver, a ver, a ver. ¿Que los negros sufren menos discriminación que los judíos? ¿Que los armenios, 1,5 millones de los cuales fueron exterminados a comienzos del s. XX, han sido menos perseguidos? Personalmente, el ejercicio de contar muertos para ver qué genocidio ha sido más "especial" me parece pueril, me da vergüenza ajena.

El autor traza una línea que pasa por Inquisición y el fascismo del s. XX para mostrar como recurren al antisemitismo, ante la inevitable consumación de su destino, tanto períodos enteros de la historia mundial, como gobiernos de Estados reaccionarios y fracasados, como particulares que intentan enderezar sus fracasadas vidas.

¡Me parta un rayo si entiendo qué tiene el antisemitismo de especial! ¿No han quemado acaso los inquisidores también a moriscos y a cristianos herejes? ¿No han sido acaso exterminados también los comunistas y los gitanos en la Alemani nazi? ¿No recurren todos los reaccionarios del mundo al racismo (en todas sus diferentes formas) cuando ven su poder amenazado?

Pero volviendo al "destino histórico singular" de los judíos, veamos qué rasgos tiene para Grossman (que hasta se toma la molestia de enumerarlos):
  1. La historia del judaísmo se ha unido y entrelazado con numerosas cuestiones políticas y religiosas de alcance mundial.
  2. Los judíos viven en prácticamente todos los países del mundo.
  3. Son esa minoría nacional que no se retrotrae a la periferia social y geográfica, sino que procura manifestarse dentro de la corriente principal del desarrollo de las fuerzas ideológicas y productivas.
Y así, como no podría ser de otra forma, la excepcionalidad del antisemitismo deriva en la excepcionalidad de los judaísmo.

Una realidad fáctica, como decíamos, la de la unicidad de toda nación, se convierte en instrumento de manipulación al ser equiparada con su exclusividad. De allí a proclamar su superioridad ya sólo hay un paso. Así es como la legítima defensa de una nación perseguida se convierte en racismo. El perseguido se prepara para ser perseguidor.

Es un paso que no creo que se dé en Grossman (al menos hasta donde se le puede conocer por lo que escribió), pero sí en ese monstruoso complejo de superioridad hecho aparato de estado que todos conocemos: Israel.