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domingo, 12 de enero de 2014

Avenida de la Unión Soviética y otras calles de Madrid

¿Os suena la avenida de la Unión Soviética de Madrid?


Cuya continuación es la avenida de la CNT:


Ambas serían conocidas algo más tarde como la avenida de José Antonio Primo de Rivera:


La CNT, además de la avenida también tuvo una calle en la capital española...


...que confluía en la plaza de la Alianza Obrera...


...con la calle (¡no os lo perdáis!) de la UGT...


...que a su vez finalizaba al encontrarse el paseo de la Unión Proletaria:


¿Qué tal? ¿Os ha faltado alguna por adivinar? ;)

  • Avenida de la Unión Soviética / avenida de la CNT / avenida de José Antonio Primo de Rivera: Gran Vía
  • Calle de la CNT: calle Sagasta
  • Plaza de la Alianza Obrera: plaza de Alonso Martínez
  • Calle de la UGT: calle Génova
  • Paseo de la Unión Proletaria: paseo de la Castellana
Algo más de 200 calles cambiaron de nombre durante la Guerra Civil y luego nuevamente, tras la victoria de Franco. Prácticamente todas recuperarían sus títulos originales con Tierno Galván de alcalde, durante los años 80.

miércoles, 26 de enero de 2011

¿Hungría señala el camino?

Buena parte de los problemas actuales de nuestras economías estaban prediagnosticados desde antes de la crisis. Habíamos cedido nuestra soberanía a instancias internacionales (como la Unión Europea), al tiempo que éstas estaban (y siguen estando) secuestradas por insensatos fanáticos ultraliberales y poderosos lobbies.

Y ahora, ¿quién defiende la soberanía de los pueblos? Los contados gobiernos de “izquierda” (social-demócratas) que quedan en Europa se alinean con las políticas más duras del liberalismo. Y los únicos que se enfrentan a Bruselas son... gobiernos de extrema derecha o conservadores por cuestiones de una agenda de extrema derecha. Es decir, Hungría por lo de la libertad de expresión, Polonia por lo de los homosexuales, Francia por lo de los gitanos...

¿Cómo ha podido pasar que el discurso de la soberanía popular –el principio democrático por anonomasia-, se haya encontrado tan hegemonizado por el fascismo más puro y duro?

Las expectativas parecen poco esperanzadoras. Unos seguirán en la deriva controlada casi sin intermediarios políticos por el gran capital, otros encauzarán la disconformidad popular hacia un retrógrado y xenófobo frenesí. En la mayoría de los casos, se dará alguna mezcla de ambas cosas: con una mano agitarán los banderines nacionales, mientras que con la otra seguirán expoliando nuestro trabajo y escatimándonos todo beneficio social.

No hay mal que cien años dure y seguro que será cuestión de tiempo que se produzca una reacción. Pero, ¿de cuánto tiempo? ¿Y cómo de dañadas estarán para entonces la mentalidad de lógica colectiva, la solidaridad entre los pueblos, la capacidad crítica de los ciudadanos?

domingo, 5 de diciembre de 2010

Primero vinieron a por los controladores aéreos

Primero vinieron a por los controladores aéreos,
y yo no hablé porque no era controlador aéreo.

Luego vinieron por los funcionarios,
y yo no dije nada porque había suspendido las oposiciones.

Después vinieron por los sindicalistas,
y yo no hablé porque ni siquiera estaba afiliado.

Luego vinieron por los comunistas
y se encontraron con que ya no quedaba ninguno de verdad.

Y se llevaron a los gitanos
(porque a alguien había que llevarse).

Entonces vinieron por mí,
pero resultó que yo sólo era un pobre pastor belga
y no interesaba a nadie.

lunes, 22 de noviembre de 2010

"Español, hijo de puta"

Un sorprendente episodio de mi vida en que me llaman "español, hijo de puta".

Pasó hace casi diez años, cuando yo vivía en Puerta del Ángel, en Madrid, detrás del puente de Segovia. Iba yo atravesando una noche el Parque de la Montaña en dirección a mi humilde hogar y se dio la circunstancia de que delante mío caminaban dos jovenzuelos librepensadores que iban discutiendo la problemática de la inmigración en este país. Por su manera de razonar me dio la impresión de que, cuanto menos, los moros se hubieran follado a sus madres, los gitanos a sus padres, y los rumanos estuvieran haciendo lo respectivo con sus hermanas. Pero claro, me puedo equivocar y quizá simplemente un cierto contenido de alcohol en su sangre aportaba algo de vehemencia a sus, por supuesto siempre respetables, opiniones.

Cuando llegaron a su coche, se entretuvieron buscando las llaves, sin dejar por ello de darse mutuamente la razón en lo que al control de los movimientos migratorios se refiere. Ello me permitió alcanzarles y en ese momento fue cuando se percataron de mi presencia.

"¿A que tengo razón?", se dirigió a mí el que estaba abriendo la puerta del conductor. Pasé por delante con la cabeza gacha, sin darme por enterado de la interrogación.

"¡Eh, tú!" "¿Dónde vas?" Incluso el copiloto, que ya estaba medio metido en el coche, volvió a salir, de tantas ganas que tenía de conocer mi opinión al respecto de la vigilancia de fronteras. "Tú eres español, ¿no?"

No me apetecía en absoluto llevarme de allí dos hostias bien llevadas, máxime sabiendo que el Parque de la Montaña abunda en sujetos con peinado tan heterodoxo como sus convicciones políticas. Pero tampoco me hacía mucha ilusión identificarme como español (menos, sabiendo lo que para ellos significaba ser español).

"Yo, soy de Vallecas", contesté sin dejar de caminar y sin volver la cabeza.

Creo que no les pareció bien la respuesta, dado que, elevando el tono de voz, consideraron necesario sacarme ipso facto de mi error: "¿Tú? ¡¡¡Tú eres ESPAÑOL, HIJO DE PUTA!!!"

Aún me pregunto cuán grande habría sido su sorpresa de haber sabido que en realidad era ruso...

lunes, 27 de septiembre de 2010

Europa da cada vez más asco

Con todo mi respeto y admiración por países más lejanos y exóticos con sus gigantescos desiertos y cordilleras, me cautiva la sencilla y sobria belleza de los acantilados, bosques, picos, campos y lagos de Europa. Viajando por el continente, siento (o al menos me imagino que siento) los espíritus de los pueblos que poblaron esta tierra y escribieron con sus vidas nuestra historia. Desde la aridez mesetaria hasta los monumentales valles alpinos, desde los campos de trigo sicilianos hasta el gris e intranquilo Báltico, pasando por los bosques, intransitables y salvajes en Bretaña, apacibles y encantadores en el centro... todo es diferente pero con algo bien común en sus entrañas.

Siempre me he sentido europeo, sentía que, mal que bien, compartíamos valores de justicia social, de aversión al oscurantismo religioso, de cierta conciencia ecologista y de liberalidad de costumbres. No es que Europa fuera un gran modelo a seguir, pero desde luego me parecía uno de los territorios más amables y mejores para vivir del mundo.

Sí, era europeísta, llegando al plano político: creía que un futuro progreso social sólo podía tener lugar dentro de una agenda común de los pueblos europeos.

Bueno, pues todo esto se está yendo a tomar por culo. Europa da cada vez más asco. Cada vez más reaccionaria y racista, de una forma brutal que también sólo Europa ha sabido ser a lo largo de la historia. Olvidando sus propias lecciones, se deja llevar por discursos demagógicos que persiguen al diferente, al tiempo que destruyen con esmero los Estados de Bienestar que tanta sangre y sudor costó a la trabajadores de nuestro continente conquistar.

Día sí, otro también, aparecen noticias de extrema derecha que se afianza en los parlamentos. La última, desde Suecia, donde el pasado 20 de septiembre obtuvo un 5,7% de los votos y 20 escaños. Las primeras declaraciones de los vencedores de los comicios, una coalición de centro-derecha, apuntan que no van a pactar con los nazis. Pero las palabras, en la política, se las lleva el viento. Y es difícil que un partido quede realmente marginado sólo porque no le caen bien los trabajadores inmigrantes. A fin de cuentas, no suele haber ningún trabajador inmigrante en los parlamentos. He allí los ejemplos recientes de Italia, Austria, Suiza, Holanda... o el no tan reciente pero bien ilustrativo de la Alemania de entreguerras. Los partidos de centro-derecha son bien conocidos en su papel de prostitutas políticas, miopes y capaces de dar legitimidad a un Hitler, mientras ello les permita conservar espacios de poder.

Por si Sarkozy y Berlusconi no se comportaran ya de forma bastante fascista, sus respectivos rivales dentro de la derecha son aún más extremos: el Frente Nacional y la Liga Norte, respectivamente, son verdaderos partidos nazis. El primero ya participó en una segunda vuelta presidencial hace años y su reciente escalada en los sondeos le augura bastantes posibilidades para volver a hacerlo en 2012. El segundo hace años ya que ha conseguido la aceptabilidad mediática de un partido burgués cualquiera y ha participado en las sucesivas coaliciones de gobierno del Gran Payaso.

Desde la izquierda española siempre nos hemos "alegrado" de que el PP ya fuera de por sí un partido tan extremo que no dejara espacio para que entraran en las Cortes los hooligans de la derecha. Ya veremos lo que nos dura la alegría: de momento, si bien es verdad que la extrema derecha española está muy fragmentada y le cuesta abrirse camino por el sistema electoral, también vemos en los ejemplos de Italia y Francia que es perfectamente posible tener un gobierno ultra y un candidato más nazi aún royéndole el terreno por la derecha. No nos engañemos: todo aún puede ir a peor.

El independentismo catalán está dejando de ser, como históricamente ha sido, principalmente de izquierdas y están emergiendo fuerzas xenófobas y con alguna planta local de la que partir, a imitación del separatismo flamenco.

Noruega, Dinamarca, Flandes, Países Bajos, Finlandia, Grecia, Rumanía y Suiza "disfrutan" de la presencia de fuerzas de extrema derecha de entre el 10 y el 30% en sus asambleas representativas, siendo en algunos casos aliados de conservadores más moderados. Y, por supuesto, Austria, donde la extrema derecha participa sistemáticamente en los gobiernos de la nación.

De Europa Oriental es mejor no hablar. Varios países, como Hungría, Eslovaquia, Letonia y Bulgaria cuentan con poderosos partidos de extrema derecha. Bastantes de ellos, por cierto, se dedican, de acuerdo con conservadores gobernantes, a rehabilitar oficialmente la memoria del nacional-socialismo (sí, sí, la de Hitler, el Holocausto, las SS, etc.). Qué decir de Polonia donde dos gemelillos psicópatas (felizmente menguados) dirigieron el país durante buena parte de esta década hacia la locura del ultracatolicismo.

Además de los mencionados, el Reino Unido (el que nos faltaba...) también aportó diputados de extrema derecha al Parlamento Europeo en 2009.

Así está, muy por encima, el panorama en la UE. Hablar del resto de Europa (los estados que conformaban la URSS o Yugoslavia) sólo podría empeorar las cosas.

Quienes confían en que Europa vaya por la vía de EE UU probablemente se equivocan. El salvajismo del capitalismo norteamericano (y correspondientemente el de sus crisis, cuando sobrevienen) ha ido siendo sorteado por una ideología radicalmente individualista y fuerte aversión a las grandes agregaciones. El yanqui, ante la inseguridad, se ha refugiado bien en su secta o bien en la ficción del hombre solo frente a la adversidad, lo que le ha permitido en ocasiones aguantar lo inaguantable (o perecer en las cloacas del sueño americano).

Pero Europa no es así: la gente aquí, ante las dificultades se une. Las respuestas en momentos de crisis han sido colectivas. Y, si el internacionalismo, la más elemental solidaridad, respeto y amistad entre pueblos terminan de ser desterrados, ya nada podrá parar los pies a la agregación por razón étnica. El siguiente paso va implícito: la mutua agresión.

No sería la primera vez... A fin de cuentas, recordemos, no es necesario que una mayoría participe en la barbarie. Basta con que calle, dejando que ésta sea perpetrada.

viernes, 10 de septiembre de 2010

El absurdo al cuadrado


Respecto a la condena a las expulsiones de gitanos por parte de Francia, aprobada en el Europarlamento, el Ministro francés de Inmigración declaró:
El Parlamento Europeo se salió de sus prerrogativas y evidentemente no tenemos por qué someternos a una imposición política.
Al mismo tiempo, su Secretario de Estado para Asuntos Europeos, Pierre Lellouche, afirmaba que Francia tiene previsto reclamar a las autoridades rumanas un plan de integración nacional de "urgencia" para los gitanos. Habló de exigir un "compromiso" de Bucarest "para integrar a los gitanos en su territorio" y de las "carencias" del Estado rumano.
"Tenemos una hoja de ruta sobre la inserción de gitanos, hemos hecho propuestas, pero no avanzamos."
O sea: el uno dice a la ciudadanía europea "no te metas en mis asuntos internos", mientras el otro está diseñando la política interior rumana.

Es la habitual doble moral de las potencias (desde EE.UU. hasta China, pasando por Rusia, Francia, Reino Unido, etc.) que hace espectaculares equilibrios para conciliar una celosa defensa de su soberanía con indisimulado intervencionismo. Pero en este caso, por su condensación en un mismo cruce de declaraciones, alcanza un punto que hasta sería cómico si no se inscribiera en esa acelerada degradación del conjunto de Europa que, una vez más, la pone a la sombra del fascismo. ¿A qué nos exponemos? A la historia me remito...

jueves, 8 de julio de 2010

¿Por qué hay tanto fascista entre Sus Señorías?

De los 4.417 miembros de la judicatura española en activo que había a comienzos de 2009, unos 1.500 pertenecían a la Asociación Profesional de la Magistratura (APM), cuerpo nacido en la transición directamente del brazo judicial del franquismo, declaradamente conservador y próximo al Partido Popular. Otros 520 constaban en la Asociación Francisco Vitoria (FV), unos 200 en el Foro Judicial Independiente (FJI) y 12 en la Asociación Nacional de Jueces (ANJ), cuerpos con discursos ostentosamente apoliticistas y corporativistas, más o menos radicalizados, cuyas actuaciones rara vez han dejado lugar a equívocos sobre su escaso contenido progresista. A sus posicionamientos sobre la huelga de jueces de 2009 me remito: más extremistas que los de la APM.

En total, algo más de la mitad de Sus Señorías son asociados de cuerpos claramente derechistas. Y sobre el total de Jueces asociados, este porcentaje sube al 81% (!!!)...

Vicenç Navarro* describe muy bien en su artículo Las derechas, el fascismo y la judicatura el itinerario histórico que ha posibilitado este enquistamiento del conservadurismo en el Poder Judicial. A saber: la incondicional lealtad judicial a la represión política y social en el franquismo, su impunidad y continuidad pactadas en la transición, su oposición frontal a la revisión democrática de la historia española a partir de entonces.

¿Pero por qué ha resultado ser tan inextirpable el cáncer fascista de los Juzgados y Tribunales? He escuchado dos tipos de explicaciones:
  1. Explicaciones psico-sociales que atienden a los dinámicas propias de un cuerpo como la judicatura. Unas se centran en la psicología social del alto funcionariado y otras en la marca que deja el estudio del Derecho desvinculado del cuerpo común de las ciencias sociales.
  2. Explicaciones socio-políticas que se centran en los procesos de acceso y selección de los miembros del cuerpo.
Las respuestas a la pregunta del título pueden ser, por tanto, las siguientes:

POR RASGOS INHERENTES A LA ALTA FUNCIÓN PÚBLICA

Los Jueces y Magistrados comparten con otros altos funcionarios:
  • Una inamovilidad suprema, exacerbada en el caso de Sus Señorías, Excelencias e Ilustrísimas, al combinarse su condición de funcionarios con la de un Poder del Estado.
  • El control de auténticos nudos de poder en la sociedad y la politica.
  • Un número muy reducido que facilita la convergencia interna y la coordinación.
Todos estos rasgos no pueden sino desembocar en un fuerte corporativismo. La relación entre el corporativismo y el fascismo, por otra parte, es históricamente patente. Y si alguien quisiera imaginar sus razones teóricas, bastaría con que pensase en la tensión que existe siempre entre el corporativismo y la solidaridad social o en la complicidad que los poderes fácticos buscan (y encuentran con tanta facilidad) en las corporaciones.

Lo que me lleva a una segunda observación: las corporaciones de altos funcionarios tienden a colusionar con los poderes fácticos de cada momento. No quiero decir que no haya tensiones -no existe un bloque monolítico de poder- pero, en general y salvo momentos puntuales, son conscientes de su comunidad de intereses y de que unas relaciones saludables les perpetúan en puestos de privilegio dentro de un orden social. Las corporaciones tienden así a acomodarse al abrigo del poder y por eso no les gustan las transformaciones sociales: vuelven más incierta su posición.

POR LA IMPRONTA CONSERVADORA QUE DEJA EL ESTUDIO NORMATIVO DEL DERECHO

Como un zoólogo que estudia la fauna ibérica se enamora del lince ibérico y se convierte en su máximo protector -en un conservacionista-, quien dedica décadas al estudio de las leyes y su historia, acaba enamorándose de ellas y se convierte en un defensor del statu quo. Es decir: en un conservador.

Incluso juristas progresistas olvidan con frecuencia que el Derecho no es sino ideología cristalizada en párrafos y artículos. Que, aunque por supuesto mantiene una relación, a veces incluso dialéctica, con la realidad social, el Derecho en sí no es la realidad social, aunque lo pretenda. Que la labor interpretativa en Derecho se asemeja mucho más a la de un teólogo escolástico que a la de un científico social (y si no, ahí están las sentencias del Tribunal Constitucional).

El Derecho es, casi por definición, la ideología hegemónica y, como tal, se presenta al mismo tiempo como un hecho y como un dictamen normativo. La confusión entre ambos aspectos es acogida con alivio y gratitud, como una justificación moral de su vida, por aquellos que se han consagrado a teorizar sobre las leyes y a aplicarlas. El círculo se cierra: cumplir la ley es lo correcto, y lo correcto es cumplir la ley.

POR LOS MECANISMOS DE REPRODUCCIÓN, POLÍTICAMENTE IRRESPONSABLES, DE LA JUDICATURA

No es que los demás Poderes del Estado sean demasiado progresistas ni que se caractericen por un fuerte arraigo popular... Pero a diferencia del Judicial tienen unos límites.

La democracia, tal como se nos vende, está plagada de numerosos mecanismos que falsean la voluntad real del electorado y hacen que el resultado siempre se produzca dentro de lo aceptable. Pero, aún siendo así, el sufragio universal es una limitación evidente para los poderes públicos: a cada instante los miembros del Legislativo y los del Ejecutivo se ven obligados a pensar en términos electorales. A veces tiran la toalla y ceden definitivamente a otro tipo de presiones (tal como está pasando ahora mismo con el Gobierno). Pero en general la racionalidad electoralista es un imperativo muy fuerte para ellos porque su propia posición depende en parte de ello.

El Poder Judicial, por el contrario, está, para bien como para mal, exento de este tipo de presiones (en España). Por mucho que los libros de texto y la legislación insistan en el origen popular de su legitimidad, es evidente que ésta radica en lo versado que se le considere en la interpretación de leyes. Qué relación mantiene esta interpretación con la voluntad popular es, en última instancia... irrelevante. El Juez está exento de pensar en la razón democrática de sus fallos. Ni en teoría ni en la práctica depende de ello.

POR LA AUTOSELECCIÓN DE CLASE QUE SUPONEN LAS CONDICIONES DE ACCESO A LA CARRERA JUDICIAL

Es difícil saber cuáles de los factores enumerados tienen más peso y cuáles menos. Pero no me cabe la menor duda de que éste es el más relevante.

La participación en la política, prácticamente a todos los niveles, se produce, en España, sólo vía partidos políticos. Éstos lógicamente imponen para el acceso a puestos de poder barreras ideológicas, seleccionan a los que mejor se desenvuelven en el medio político, y a los que, por razones tácticas, convienen más a los que ya se encuentran instalados en el mando. El resultado es un perfil sesgado hacia un nivel educativo bastante alto, clases medias y medias-altas, siendo de hecho más relevantes sus competencias sociales y su formación ideológica.

Ello permite una participación no desdeñable de vástagos de la clase obrera y otros sectores populares en la alta política. Algunos, por ejemplo, son reclutados, sobre todo por partidos considerados de izquierdas, desde los sindicatos. Nada de ello los convierte necesariamente en garantes de los intereses de los trabajadores. Pero sí es verdad que, aún cooptados, nunca llegan a tener la misma mentalidad rancia, la misma lealtad de clase, que tienen los auténticos hijos de clases altas.

Ahora veamos si es posible para un hijo de familia obrera convertirse en Juez. Para entrar en la carrera judicial como Juez (es decir, en la categoría más baja) se necesita un promedio de 6-7 años de estudio con una dedicación de 50-60 horas semanales. Muchísimos abandonan, algunos cuando llevan ya más de 5 años; otros tardan 10 en aprobar... La preparación de oposiciones no está ni mínimamente becada y no existe, en España, ninguna institución pública que la regule o apoye de alguna forma a los opositores. Todo está en manos de editoriales, academias privadas y preparadores particulares. Así, por ejemplo, el CEF* vende el temario de Jueces y Fiscales por 529 euros y el coste de la matrícula mensual es de 220 euros. ¿Quién puede -tras un mínimo, recordemos, de 5 años en Derecho- aventurarse en un viaje de indefinida duración, que no permite ganar dinero simultáneamente, que cuesta 220 euros al mes, y que no ofrece ninguna garantía de éxito a ningún plazo? Creo que no es necesario contestar...

El Poder Judicial es un coto privado de las clases más pudientes y en ello está, entiendo, la principal razón de su fuerte escoramiento hacia la derecha. Sólo son leales a lo que mamaron de sus papás.

En el próximo post: ¿Por qué hay tanto fascista en los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, cuando tantos de ellos vienen de la clase obrera? (no, no, es broma, esta cuestión aún me desborda...)

* Vicenç Navarro es Catedrático de Ciencias Políticas y Sociales de la UPF
* CEF, Centro de Estudios Financieros, una de las principales academias de oposiciones