Hasta el 24 de abril de 1937, Madrid tuvo un gobierno militar a cargo del general Miaja. Desde esa fecha, se crea la Zona Militar, bajo administración del Ejército. El resto de la ciudad recupera su gobierno civil.
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jueves, 16 de enero de 2014
domingo, 12 de enero de 2014
Avenida de la Unión Soviética y otras calles de Madrid
¿Os suena la avenida de la Unión Soviética de Madrid?
Cuya continuación es la avenida de la CNT:
Ambas serían conocidas algo más tarde como la avenida de José Antonio Primo de Rivera:
La CNT, además de la avenida también tuvo una calle en la capital española...
...que confluía en la plaza de la Alianza Obrera...
...con la calle (¡no os lo perdáis!) de la UGT...
...que a su vez finalizaba al encontrarse el paseo de la Unión Proletaria:
¿Qué tal? ¿Os ha faltado alguna por adivinar? ;)
Ambas serían conocidas algo más tarde como la avenida de José Antonio Primo de Rivera:
La CNT, además de la avenida también tuvo una calle en la capital española...
...que confluía en la plaza de la Alianza Obrera...
...con la calle (¡no os lo perdáis!) de la UGT...
...que a su vez finalizaba al encontrarse el paseo de la Unión Proletaria:
¿Qué tal? ¿Os ha faltado alguna por adivinar? ;)
- Avenida de la Unión Soviética / avenida de la CNT / avenida de José Antonio Primo de Rivera: Gran Vía
- Calle de la CNT: calle Sagasta
- Plaza de la Alianza Obrera: plaza de Alonso Martínez
- Calle de la UGT: calle Génova
- Paseo de la Unión Proletaria: paseo de la Castellana
Algo más de 200 calles cambiaron de nombre durante la Guerra Civil y luego nuevamente, tras la victoria de Franco. Prácticamente todas recuperarían sus títulos originales con Tierno Galván de alcalde, durante los años 80.
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lunes, 22 de noviembre de 2010
"Español, hijo de puta"
Un sorprendente episodio de mi vida en que me llaman "español, hijo de puta".
P
asó hace casi diez años, cuando yo vivía en Puerta del Ángel, en Madrid, detrás del puente de Segovia. Iba yo atravesando una noche el Parque de la Montaña en dirección a mi humilde hogar y se dio la circunstancia de que delante mío caminaban dos jovenzuelos librepensadores que iban discutiendo la problemática de la inmigración en este país. Por su manera de razonar me dio la impresión de que, cuanto menos, los moros se hubieran follado a sus madres, los gitanos a sus padres, y los rumanos estuvieran haciendo lo respectivo con sus hermanas. Pero claro, me puedo equivocar y quizá simplemente un cierto contenido de alcohol en su sangre aportaba algo de vehemencia a sus, por supuesto siempre respetables, opiniones.
Cuando llegaron a su coche, se entretuvieron buscando las llaves, sin dejar por ello de darse mutuamente la razón en lo que al control de los movimientos migratorios se refiere. Ello me permitió alcanzarles y en ese momento fue cuando se percataron de mi presencia.
"¿A que tengo razón?", se dirigió a mí el que estaba abriendo la puerta del conductor. Pasé por delante con la cabeza gacha, sin darme por enterado de la interrogación.
"¡Eh, tú!" "¿Dónde vas?" Incluso el copiloto, que ya estaba medio metido en el coche, volvió a salir, de tantas ganas que tenía de conocer mi opinión al respecto de la vigilancia de fronteras. "Tú eres español, ¿no?"
No me apetecía en absoluto llevarme de allí dos hostias bien llevadas, máxime sabiendo que el Parque de la Montaña abunda en sujetos con peinado tan heterodoxo como sus convicciones políticas. Pero tampoco me hacía mucha ilusión identificarme como español (menos, sabiendo lo que para ellos significaba ser español).
"Yo, soy de Vallecas", contesté sin dejar de caminar y sin volver la cabeza.
Creo que no les pareció bien la respuesta, dado que, elevando el tono de voz, consideraron necesario sacarme ipso facto de mi error: "¿Tú? ¡¡¡Tú eres ESPAÑOL, HIJO DE PUTA!!!"
Aún me pregunto cuán grande habría sido su sorpresa de haber sabido que en realidad era ruso...
P
asó hace casi diez años, cuando yo vivía en Puerta del Ángel, en Madrid, detrás del puente de Segovia. Iba yo atravesando una noche el Parque de la Montaña en dirección a mi humilde hogar y se dio la circunstancia de que delante mío caminaban dos jovenzuelos librepensadores que iban discutiendo la problemática de la inmigración en este país. Por su manera de razonar me dio la impresión de que, cuanto menos, los moros se hubieran follado a sus madres, los gitanos a sus padres, y los rumanos estuvieran haciendo lo respectivo con sus hermanas. Pero claro, me puedo equivocar y quizá simplemente un cierto contenido de alcohol en su sangre aportaba algo de vehemencia a sus, por supuesto siempre respetables, opiniones.Cuando llegaron a su coche, se entretuvieron buscando las llaves, sin dejar por ello de darse mutuamente la razón en lo que al control de los movimientos migratorios se refiere. Ello me permitió alcanzarles y en ese momento fue cuando se percataron de mi presencia.
"¿A que tengo razón?", se dirigió a mí el que estaba abriendo la puerta del conductor. Pasé por delante con la cabeza gacha, sin darme por enterado de la interrogación.
"¡Eh, tú!" "¿Dónde vas?" Incluso el copiloto, que ya estaba medio metido en el coche, volvió a salir, de tantas ganas que tenía de conocer mi opinión al respecto de la vigilancia de fronteras. "Tú eres español, ¿no?"
No me apetecía en absoluto llevarme de allí dos hostias bien llevadas, máxime sabiendo que el Parque de la Montaña abunda en sujetos con peinado tan heterodoxo como sus convicciones políticas. Pero tampoco me hacía mucha ilusión identificarme como español (menos, sabiendo lo que para ellos significaba ser español).
"Yo, soy de Vallecas", contesté sin dejar de caminar y sin volver la cabeza.
Creo que no les pareció bien la respuesta, dado que, elevando el tono de voz, consideraron necesario sacarme ipso facto de mi error: "¿Tú? ¡¡¡Tú eres ESPAÑOL, HIJO DE PUTA!!!"
Aún me pregunto cuán grande habría sido su sorpresa de haber sabido que en realidad era ruso...
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