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domingo, 25 de diciembre de 2011

"Educación siberiana" continúa su imparable ascenso

Superventas en Italia, llegó el año pasado a España, gracias a la editorial Salamandra, "Educación Siberiana" de Nikolai Lilin. Jaleado sin el menor ánimo crítico por una orda de periodistas ávidos de sensacionalismo, ahora también ha dado lugar a la filmación de una película protagonizada por John Malkovich que a buen seguro reimpulsará su venta en las navidades del año que viene. Y lo cierto es que el libro entra muy bien. Pero es éticamente dudoso venderlo como una autobiografía, cuando es más que cuestionable que lo sea.

Estilísticamente no se puede decir que sea gran cosa, pero tampoco lo pretende, ni falta que le hace, a mi parecer. Transmite muy bien lo que quiere transmitir, entra muy fácilmente y engancha, engancha mucho, en buena medida gracias a la construcción global del relato. Y eso siempre es de agradecer.

Chirrían las traducciones y las transcripciones. Se nota que llegan al español vía italiano y, entre eso y las erratas y la deficiente calidad de la traducción en algunos casos, la gran mayoría de las palabras originales se hacen completamente irreconocibles. Empezando por que no sé exactamente a qué palabra rusa corresponde "criminal", cosa que no es baladí al caso. Luego hay casos muy extremos en los que no habría costado nada evitar el error, teniendo en cuenta que se trata de un "superventas". Por ejemplo, no llamar a Rostov del Don, en repetidas ocasiones, "Rostov del Ron"... En fin... En ese sentido, muy mal.

Y en su contenido es un libro tramposo que mezcla varias cosas.

Sobre todo, es una novela: un producto claramente comercial, orientado a la venta, y que explota una cierta mirada romántica sobre la mafia que ya ha vendido mucho en Occidente. De allí los adornos y, con toda probabilidad, muchas ocultaciones de los aspectos más difícilmente presentables de la historia.

Pero también es un documento. Sea como fuente directa (como pretende) o indirecta de información, está claro que el autor se ha esforzado por estar bien informado sobre el mundo criminal ruso. En ese sentido, el libro tiene gran interés y además habla de una región bien poco conocida como es Transnistria.

Y en tercer lugar -lo más polémico- es que pretende ser una autobiografía.

De toda autobiografía se espera que sea subjetiva y en este caso es personal (y personalista) a más no poder. Es una visión del mundo dividido en "buenos" y "malos", donde el autor es además "el mejor". Y no deja de serlo ni al final, cuando intenta relativizar un poco lo relatado...

Por otra parte, al igual que tiene buen conocimiento de unas cosas de las que habla, no tiene ni idea de otras que presenta como "hechos" (por ejemplo, los judíos nunca han sido declarados "enemigos del pueblo" en la URSS). Y eso ya de por sí arroja la sombra de la duda sobre la veracidad del resto del texto.

Es cuestionable, en fin, el mismo hecho de que la obra sea autobiográfica. Sólo con una prensa caben los hechos relatados en "Educación siberiana", su paso por Chechenia, sus dos pasos por la cárcel y su etapa en Israel... en los 23 años de vida, a los que aparece Nikolai, siempre según su propio relato, en Italia.

Algo muy significativo al respecto es que el autor se sigue negando a que se traduzca el libro al ruso aunque en ello habría tenido, sin duda, unos resultados de ventas excelentes. Y eso es porque la parte de impostura que contiene en Rusia sería rápidamente desenmascarada. Sólo con las noticias que llegan sobre el libro desde el extranjero, la runet ya se ha llenado de chascarrillos al respecto de lo bien que Lilin se ha espabilado para ganar pasta ofreciendo al lector occidental precisamente la imagen que este espera de los rusos. Hay quien lo tiene por un farsante total y quien dice que es un delincuente menor que no ha vivido ni la cuarta parte de lo relatado, pero el caso es que no parece haber una sola persona en Rusia que se crea que se trate de una verdadera autobiografía.

Pues bien, decía yo que es un libro tramposo porque mezcla los tres niveles: la pretendida autobiografía, el colorido novelesco y el interés documental. Un buen lector deberá esforzarse, por tanto, por separar la paja del grano.

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Y de propina algunos apuntes reflexivos sobre las sectas y las comunidades en Rusia.

Simplificando mucho, los espacios sociales europeos y los estadounidenses, se pueden describir como verdaderas sociedades nacionales los primeros, mientras que los segundos son, en gran medida, comunidades y sectas. En las "sociedades" puede haber tendencias diferentes e incluso opuestas, pero todas ellas se posicionan respecto al mismo eje (o, como mucho, dos ejes) Es decir, siempre definen su posición en relación a los demás, son como identificables con unas coordenadas sobre la totalidad del espacio social. Mientras que las comunidades y las sectas están, en mayor o menor medida, replegadas sobre sí, y se articulan entre ellas de formas muy diversas y variables.

Pues bien, aunque Rusia se asemeja más al modelo (si se le puede llamar así) europeo, ofrece también mucho espacio al desarrollo del comunitarismo y del sectarismo (puede que simplemente por sus características geográficas). De allí que el tema de la nacionalidad (en contraposición a la ciudadanía, que es la misma para todos) sea tan importante. De allí también la larga historia de cismas en la religión ortodoxa y la mayor descentralización de su iglesia, en comparación con la católica (sin llegar, claro, al protestantismo).

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Un poco para todos

Hoy tengo un poco para todos.

Para aquellos que, alucinados con el tirón del 15-M, se creen que están inventando la bicicleta. Repiten simiescamente que todos los partidos son iguales, sin darse cuenta de que pocas cosas de las que reivindican ahora son realmente novedosas.

De que mucha gente, antes que ellos, estaba denunciando la corrupción de la política y reivindicando los derechos sociales. Gente que lo hacía, con toda la buena voluntad del mundo, desde los partidos y los sindicatos, y sin ningún interés personal. Y que, de hecho, fueron quienes conquistaron todo eso que ahora nos quieren quitar: la sanidad y la educación públicas, las ayudas a los parados, las pensiones, los derechos laborales, etc. etc.

Nada de ello se consiguió con explosiones espontáneas de indignación social, sino con un trabajo organizativo paciente, metódico y tenaz.

Así que menos arrogancia y más respeto. Y más preguntarse sobre por qué ahora nos ha entrado esta fiebre movilizadora y durante años, décadas, no hemos movido un dedo mientras otros se dejaban la piel luchando.

Pero, como ya he dicho, hoy tengo para todos. También para aquellos que contemplan el 15-M como unos indeseables advenedizos. Pareciera que les molesta que alguien se esté movilizando sin su tutela. Desde el sectarismo de su propia marca (ya sea un partido comunista, un sindicato o un movimiento de liberación nacional) miran, envidiosos, cómo de repente cientos de miles de personas hartas de estrecheces ideológicas salen a las calles.

Los hay también que, cortitos de vista, apoyan el movimiento pero sólo para llevarlo a su terreno. Exponiéndolo a un riesgo de suicidio, como el que, por ejemplo, supondría la convocatoria de una huelga a espaldas de los sindicatos mayoritarios (sí, sí, muy corruptos y bla, bla, bla... pero a fin de cuentas bastante mayoritarios).

Unos claman al cielo preguntándose por qué el Movimiento 15-M entrega el poder a Rajoy al no pedir claramente el voto a la izquierda. Otros intentan que se posicione activamente a favor de la abstención, en la mejor de las tradiciones anarcosindicalistas. Ninguno de ellos se para a pensar que si el Movimiento siguiera sus sabios consejos -ya sean lanzados desde IU o desde la CGT- no tendría esa capacidad aglutinadora y ese seguimiento que está adquiriendo. Sino el de una IU o el de una CGT... Es decir, cuatro gatos (y bajando)...

En fin, ya sé que hoy me caerán palos por todos lados. Qué le vamos a hacer, no me viene de nuevas... Espero no haberme dejado a nadie...

domingo, 5 de junio de 2011

De asamblearismo y sectas


Lo mejor del incipiente movimiento asambleario nacido a raíz de las acampadas, un auténtico tesoro a conservar, es la ausencia del sectarismo que nos ha venido corroyendo y envenenando en las últimas décadas. Eso, más allá de todas las debilidades del proceso, es lo que abre una esperanza para la regeneración de la izquierda.

Casi ninguna bandera -ni roji-negra, ni republicana, ni roja-, casi ningún logotipo sindical -ni "revolucionario" ni "reformista"... Y un cartel que lo resumía todo: "No me pongáis etiquetas!"

Durante décadas quienes hemos militado en organizaciones tradicionales hemos sentido encima el peso agobiante de los "referentes", de las "tradiciones" políticas, de los rencores personales y mezquinas luchas por el poder, de imbéciles debates ideológicos... Y quizá la sensación de libertad estas semanas, en las plazas, se deba tanto a la superación de este asfixiante sectarismo como a la alegría de insubordinarnos al poder del opresor...

La esclerosis de las izquierdas tradicionales había conducido al olvido de lo más importante. Habíamos acabado luchando por los símbolos, en lugar de luchar por aquello que estos representan. Defender las ideológicas pajas mentales de nuestro propio grupúsculo o los intereses de nuestra corriente llegó a ser más importante que entender y reconocer la realidad social.

Construimos espacios impenetrables incluso a un nivel psicológico: demasiados mecanismos preconstituidos, demasiadas relaciones personales... Un nuevo tenía que tener mucha voluntad y paciencia para terminar integrándose. Voluntad y paciencia, bienes escasos hoy más que nunca...

Todo el mundo debe encontrar un lugar en este nuevo asamblearismo. Y para eso no es tan importante que cualquiera pueda agarrar el micrófono -aunque la igualdad de palabra es fundamental-, sino que todo el mundo pueda aportar algo, ayudar, contribuir aunque sea con un par de horas de trabajo a la semana. Pero de trabajo, no de frustrante cháchara...

Una persona que se siente útil, que siente que está participando en una creación colectiva, se comprometerá a largo plazo con la transformación social. Y si conseguimos que muchos lo hagan, está claro que tenemos un futuro.... ¡Y tanto que lo tenemos!