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martes, 7 de octubre de 2014
Lo natural, lo artificial y lo sano
Evidentemente lo natural no es lo sano. Y lo artificial tampoco lo es. Lo sano es lo sano. El progreso tecnológico y el control democrático de los procesos de elaboración (incluida la educación como herramienta de control democrático) son lo que ha permitido que ahora nos alimentemos de forma más sana. Y lo segundo es tan importante como lo primero, porque eso (y no otra cosa) es lo que impide a los fabricantes y comerciantes meternos por el gaznate la mierda que les sale más rentable. Un ejemplo ilustrativo de lo que estos pueden llegar a hacer son los tiempos en que las tabacaleras campaban a sus anchas, fuera de todo control.
domingo, 12 de enero de 2014
Esto es una democracia
Si hay algo no te gusta, esto es una democracia: puedes nacer en una familia que se preocupe por tu educación, hacer tus contactos para el futuro en un colegio privado, estudiar una carrera que te permita entender como funciona la política mientras te mantienen tus padres, sacarte unas oposiciones mientras te siguen manteniendo tus padres, o ser nombrado a dedo por el concejal amigo de tu padre, o montar una empresa con el dinero de tus padres, amasar una pequeña fortuna, montar con ella un partido, y ganar en las elecciones generales a dos partidos que manejan descomunales presupuestos públicos, reciben un sinfín de donaciones de bancos y corporaciones, controlan prácticamente todos los medios de comunicación que sigue el respetable, y suman unos 20 millones de votos. Y entonces, podrás imponer democráticamente tu opinión en las Cortes.
O puedes juntarte con la gente de tu barrio y quemar el ayuntamiento cada vez que os jodan. No es tan democrático como lo otro. Pero también funciona.
(un abrazo a la gente de Gamonal)
O puedes juntarte con la gente de tu barrio y quemar el ayuntamiento cada vez que os jodan. No es tan democrático como lo otro. Pero también funciona.
(un abrazo a la gente de Gamonal)
domingo, 5 de junio de 2011
De asamblearismo y sectas

Lo mejor del incipiente movimiento asambleario nacido a raíz de las acampadas, un auténtico tesoro a conservar, es la ausencia del sectarismo que nos ha venido corroyendo y envenenando en las últimas décadas. Eso, más allá de todas las debilidades del proceso, es lo que abre una esperanza para la regeneración de la izquierda.
Casi ninguna bandera -ni roji-negra, ni republicana, ni roja-, casi ningún logotipo sindical -ni "revolucionario" ni "reformista"... Y un cartel que lo resumía todo: "No me pongáis etiquetas!"
Durante décadas quienes hemos militado en organizaciones tradicionales hemos sentido encima el peso agobiante de los "referentes", de las "tradiciones" políticas, de los rencores personales y mezquinas luchas por el poder, de imbéciles debates ideológicos... Y quizá la sensación de libertad estas semanas, en las plazas, se deba tanto a la superación de este asfixiante sectarismo como a la alegría de insubordinarnos al poder del opresor...
La esclerosis de las izquierdas tradicionales había conducido al olvido de lo más importante. Habíamos acabado luchando por los símbolos, en lugar de luchar por aquello que estos representan. Defender las ideológicas pajas mentales de nuestro propio grupúsculo o los intereses de nuestra corriente llegó a ser más importante que entender y reconocer la realidad social.
Construimos espacios impenetrables incluso a un nivel psicológico: demasiados mecanismos preconstituidos, demasiadas relaciones personales... Un nuevo tenía que tener mucha voluntad y paciencia para terminar integrándose. Voluntad y paciencia, bienes escasos hoy más que nunca...
Todo el mundo debe encontrar un lugar en este nuevo asamblearismo. Y para eso no es tan importante que cualquiera pueda agarrar el micrófono -aunque la igualdad de palabra es fundamental-, sino que todo el mundo pueda aportar algo, ayudar, contribuir aunque sea con un par de horas de trabajo a la semana. Pero de trabajo, no de frustrante cháchara...
Una persona que se siente útil, que siente que está participando en una creación colectiva, se comprometerá a largo plazo con la transformación social. Y si conseguimos que muchos lo hagan, está claro que tenemos un futuro.... ¡Y tanto que lo tenemos!
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