martes, 14 de julio de 2020

Mapa: la persistencia del votante español

¿Cuánto tiempo ha gobernado el principal partido histórico en cada comunidad?

¿Cómo de cabezón es el votante español? Pues los datos indican que mucho. Y encabezan el ránking los votantes andaluces seguidos por los vascos. En ambas comunidades el principal partido histórico ha gobernado más del 90 % del tiempo desde 1978. En general, las comunidades del PSOE han sido más leales al partido que las del PP: casi todas ellas (Asturias, Extremadura y Castilla-La Mancha) han caído en la franja del 80-90, en la que solo se encuentra Castilla y León. Comunidades que tanto nos suenan a PP ahora mismo (como Galicia o Murcia) en realidad han estado históricamente bastante reñidas. En parte, todo hay que decirlo, se debe a que algunas de ellas han tenido sus años UCD. Las más disputadas han resultado Navarra y la Comunidad Valenciana. De hecho, esta última es la única en la que el principal partido (PP) no alcanza el 50 % del tiempo y cambiará de color si se agota la presente legislatura.

lunes, 8 de junio de 2020

Mapa: formación de los Estados modernos


Acertadas o no, las decisiones que he tenido que tomar en la elaboración de este mapa han sido una estupenda oportunidad para reflexionar sobre la relatividad y complejidad de los conceptos vinculados a la formación de los Estados modernos: soberanía, territorialidad, continuidad.

Empezando por la difícil definición de lo que es un Estado y lo que no lo es. Aunque ningún ente puede recibir calificativo de Estado moderno por lo menos hasta el siglo XVI, muchos mantienen una relación de continuidad patente con formaciones actuales. He intentado situar el hecho soberano en el centro de la metodología aunque también este ofrece multitud de grises: ¿es soberano un ente como el Sacro Imperio, formado por múltiples vasallos independientes de facto? ¿Es soberano un reino formalmente independiente pero que paga tributos como lo haría durante siglos Valaquia respecto al Imperio Otomano? En general, me he declinado por un criterio restrictivo en estos casos: salvo que el ente fuera manifiestamente independiente, lo he considerado parte integrante de un ente superior.

La segunda dificutad metodológica se refiere a la continuidad. Para dar una definición exacta y única he considerado que hay continuidad entre un ente histórico y un Estado actual:
1. desde el momento en que aquel ocupa el 75 % del territorio del actual Estado,
2. siempre que la capital del ente se encuentre en el territorio del Estado contemporáneo,
3. y la capital del Estado actual se encuentre en el territorio del ente histórico.

Estos criterios han dado lugar a dos tipos de entes.
a) Los formados por ampliación: aquellos que, como Castilla tras la toma de Granada, Rusia en su expansión siberiana, Inglaterra tras su unión con Escocia o Rumanía tras la anexión de Transilvania, han alcanzado el 75 % de su territorio en un proceso, normalmente progresivo, de ampliación.
b) Los formados por secesión: aquellos que han pasado a cumplir las condiciones anteriores de forma sobrevenida al convertirse en soberanos tras una separación de un ente más amplio: Suecia tras su salida de la la Unión de Kalmar, Países Bajos tras conquistar su independencia del Imperio Español o Eslovaquia tras la separación de Checoslovaquia.

Y una última decisión metodológica, quizás la más cuestionable (y no porque las otras no lo sean). ¿Qué hacer con las pérdidas temporales de soberanía? Sería absurdo reiniciar la cuenta de la soberanía italiana por el lapso que esta le fue arrebatada durante la II Guerra Mundial pero igualmente absurdo sería considerar que la soberanía italiana es continuadora de aquella otra del Imperio Romano desaparecido hace un milenio y medio. Como por algún lado había que cortar, y en el mismo afán de tener un criterio objetivo y único para todos los casos, he tomado el límite temporal de los 100 años para considerar que se mantiene la continuidad.

domingo, 26 de abril de 2020

Defender la igualdad, respetar la diversidad

La trampa de la diversidad. Cómo el neoliberalismo fragmentó la ...

La diversidad es una realidad a respetar. No un valor a promover.

Así podría formular una de las conclusiones principales que me vienen a la cabeza tras terminar La trampa de la diversidad de Daniel Bernabé. Agradecer a autor, en primer lugar, sus dotes de observador, su capacidad para describir de forma gráfica la realidad política y su sentido de humor (Para un neoliberal hasta un semáforo es liberticida, casi como un gulag con luces, me he podido reír mucho con esto).

Pero si recomiendo sin duda su lectura, es sobre todo por los debates que plantea. Especialmente por la pregunta central: ¿hasta qué extremo se puede llegar por el camino de obviar lo común y reivindicar lo particular? El libro describe un gran problema objetivo: la izquierda débil e impotente que emergió tras la crisis de los años 90 ha sobrevivido eligiendo el camino fácil de atender la agenda mediática de la diversidad y ahora va camino de convertirse, emulando el modelo liberal estadounidense, en un popurrí incoherente de reivindicaciones fractales que, llevadas a sus últimas consecuencias lógicas suponen el encumbramiento del individuo por encima de lo social. Un camino claramente contra natura para toda tradición de izquierdas.

El libro también hace un importante apunte: el trabajo como elemento político central es un antídoto contra el veneno liberal. Bernabé describe una realidad alarmante: la condición de trabajador está siendo enfocada en los entornos politizados como una categoría identitaria más. Están los gays, los trans, los negros, los veganos, los refugiados y también, aparte, los trabajadores. El papel del trabajo como factor estructurante de la vida social y política para todos (los gays, los trans, los negros, los veganos, los refugiados inclusive) es felizmente ignorado por el activismo que acapara el protagonismo político de la izquierda.

También hay que señalar algunas debilidades importantes en el libro. En primer lugar, su marco teórico le queda grande. Bernabé toma como paradigma el paso de la Modernidad a la Posmodernidad. En el último medio siglo habríamos transitado, supuestamente, de un mundo regido por el espíritu de la racionalidad, lo social, lo universal y lo transformador a otro gobernado por el irracionalismo, lo individual, el relativismo y, en definitiva, el fatalismo. Es verdad que se reconocen en este relato muchas de nuestras realidades y también está claro que todos estos binomios (racionalismo - irracionalismo, justicia social - individualismo, teorías universales - teorías parciales, voluntad transformadora - resignación) están estrechamente conectados. Pero todo ello no implica que se los pueda alinear fácilmente en ese supuesto eje histórico que sería Modernidad-Posmodernidad. Esta alineación sirve al autor para asociar el supuesto declive de la Modernidad con el declive de lo que sería para él su máximo exponente: el socialismo. Pero este esquema no resiste un análisis riguroso.

No es evidente, por ejemplo, que el socialismo sea la quinta esencia del pensamiento moderno. Hay autores tienden a enfocarlo como la vertiente social de la tradición racionalista moderna. Otros racionalismos habrían competido con el socialismo en una especie de mercado de teorías modernas. Y una de ellas habria sido el liberalismo: presa de individualismo metodológico pero tan racionalista como el socialismo.

Las conclusiones llegan en cascada. Si hay varias teorías racionalistas en pugna, hay que reconocer que la razón no produce una y solo una teoría universal. La razón es una buena herramienta, un lenguaje para entendernos, pero no conduce siempre a los mismos resultados y viene condicionada siempre por las condiciones materiales de la existencia de quien razona. La crítica del universalismo (que ya encontramos en autores indiscutiblemente modernos como Weber) podría ir asociada actualmente a lo que algunos autores han denominado modernidad reflexiva: una modernidad que reflexiona sobre sí misma. No habría en ese sentido una Posmodernidad, sino tan solo una Modernidad que se actualiza a través de la autocrítica, sin renunciar a su esencia que es el uso de la razón.

Bernabé sitúa los primeros cuestionamientos de la Ilustración en la posguerra pero eso supone ignorar el Romanticismo, a Nietzsche o el fascismo, por poner solo tres ejemplos de envergadura. Ni antes éramos tan racionales, ni ahora hemos dejado de serlo. Los brotes de pensamiento mágico e irracionalismo a los que asistimos periódicamente, muy magnificados ahora por las redes sociales, no alcanzan una extensión que realmente permita hablar de una crisis del racionalismo dominante. La prueba de que su hegemonía se mantiene está en que incluso muchas de las supersticiones contemporáneas (como la homeopatía) buscan la coartada de la ciencia y la razón y no se reconocen abiertamente irracionalistas al estilo de las religiones tradicionales o los misticismos de la Nueva Era.

Y por lo que respecta a la política, esta nunca fue el debate racional en sociedad que el autor pretende. Como Bernabé mismo dice, la gente más que votar a un partido era de un partido. Se trata de una descripción muy acertada, pero no apunta ni de lejos a un comportamiento ilustrado. Los eventos y formalidades siempre tuvieron una importancia fundamental en la adhesión a los movimientos políticos tradicionales y antes de afirmar que las ideologías han perdido importancia quizás sería conveniente definir ideología.

Ni la racionalidad en sí se está muriendo, ni el pensamiento en clave social lo hace. Lo que sí es constatable es el declive del pensamiento que asociaba con éxito ambos elementos, lo social y lo racional: el pensamiento de izquierdas. Las lógicas liberales se han hecho hegemónicas en el campo racionalista y el espacio de lo social viene a ser ocupado por ideologías irracionalistas (nacionalismos, religiones). Pero eso no significa que hayamos retrocedido a un tiempo premoderno porque nunca hubo un tiempo premoderno donde las personas [compitiesen] en un mercado de especificidades. Este estado (liberalismo hegemonizando la razón y los nacionalismos dominando lo social) es simplemente capitalismo, el de toda la vida (que a su vez es resultado, dicho sea de paso, de la Modernidad). En realidad, el propio Bernabé lo reconoce cuando dice que la revolución neoliberal (aunque yo no hablaría en ningún caso de revolución) no es más que una restauración victoriana. El libro está plagado de estas pequeñas contradicciones fruto del deseo de hacerlo encajar todo en un gran marco teórico único y coherente. Se trata de un esfuerzo que, a mi entender, no aporta nada a las tesis centrales del ensayo.

También como parte de ese empeño de abarcar demasiado se mezclan temas que no tienen relación directa. Uno de los ejemplos predilectos del autor (que abre el libro y es retomado en repetidas ocasiones) es el de la campaña para que las mujeres pudieran fumar en público. No es que no sea jugosa la historia de cómo la industria tabacalera manipuló aquella reivindicación. ¿Pero cómo hilar aquella defensa ¡de la igualdad! con el leitmotiv principal del libro: la trampa de la diversidad? Aquellas mujeres no pretendían diferenciarse y fragmentar, sino todo lo contrario.

Otra cosa que pasa cuando alineamos todos los hechos para que sean coherentes con nuestro marco teórico es que empieza a parecer que había un plan premeditado. Es decir, una conspiración. Es verdad que es muy difícil describir sin parecer un conspiranoico el mundo real, en el que los medios de comunicación, muy concentrados, mantienen una agenda, los poderosos se reúnen en clubes cerrados para discutir políticas a nivel global, y se fabrican intereses creados en un juego con apuestas muy elevadas. Pero construir un relato que por momentos deja la sensación de que todo lo que ha pasado en los últimos 40 años más o menos ha seguido un plan diseñado en think tanks neoliberales no parece la mejor manera de hacerlo.

La historia real es más errática que eso. Sus fuerzas motrices son más materiales y menos ideológicas. Así, por ejemplo, el hecho de que con Thatcher amplias capas de la clase trabajadora urbana se convirtieran en propietarias de vivienda causó más impacto en su forma de pensar que todas las series de HBO y Netflix que vinieron después. La miríada de empresas que se alimentan del individualismo de la clase media aspiracional, a las que Bernabé acusa de representar un modelo pensado para destruir la acción colectiva, en realidad piensan principalmente en ganar dinero, sin más. De la misma manera que Ford no pensaba que su modelo productivo fuera a facilitar el desarrollo de los grandes sindicatos.

En definitiva, no fue la ingeniería social de los ideólogos neoliberales con sus intentos de control mental de masas. Ya les hubiera gustado. La izquierda ya estaba descompuesta cuando llegó la obsesión con el lenguaje inclusivo. Los partidos no se vaciaron por ese cambio de orientación ideológica, como sugiere el autor. Se vaciaron por otras causas en las que no voy a entrar ahora y, al buscar soluciones, una parte de la izquierda se lanzó al mercado de la diversidad.

A partir de ese momento en los partidos de la nueva izquierda se van mezclando desde antiguos militantes obreros hasta cachorros desclasados de la burguesía metidos a activistas. Y esto me conduce a mi última pregunta: ¿para quién es este libro? ¿Qué pretende y qué consigue? Seguro que recogió el aplauso de los que ya estaban convencidos. Y seguro que los denostados activistas de Bernabé encontraron por dónde atacar una argumentación que, al intentar abarcar tanto, dejaba muchos flancos abiertos. Pero al final de tanta polémica, que siempre es muy entretenida, siempre me queda esa pregunta: ¿convence este libro a quien tiene que convencer?

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Elecciones generales 2015 en mapas


Voto a izquierdas y derechas

Frente a los absurdos mapas de primer partido que al día de hoy significan menos que nunca, he aquí un mapa de voto (no de escaños) en el que se suma el voto de izquierdas frente al voto de derechas.

Los baluartes del fascismo son, como siempre, Murcia y Castilla y León (y dentro de esta repite Ávila, acompañada esta vez por Salamanca). Sevilla y Gipuzkoa, y en general Andalucía occidental y Euskal Herria, son los principales focos del voto a izquierdas.

Salvo en Galicia y Canarias, hay una división bastante coherente por comunidades. Andalucía es muy roja, incluida curiosamente Málaga y excluida con claridad Almería (que llegó a ser de un rojo paliducho en las elecciones europeas). El País Valenciano y Extremadura se inclinan hacia la izquierda, aunque hacia izquierdas diferentes, como se verá más adelante. Repiten con claras, aunque heterogéneas, mayorías sociales de izquierdas Baleares y Asturias. Catalunya y Euskal Herria son intensamente de izquierdas, ambas gobernadas, por el momento, por derechas. Distorsiones del tema nacional, supongo.

Galicia y Canarias, estas sí, están muy divididas. En Galicia la división entre el interior rural y la costa occidental, más urbana e industrial, viene muy de antiguo, aunque por primera vez, que yo sepa, Lugo está cerca de pasar a la zona roja. Y en Canarias no tengo ni idea de por qué esa división entre ambas provincias. Quien lo sepa, que me lo explique.

El viaje de Castilla la Mancha hacia la derecha se cosolida. Si a eso se suma el hecho de que la derecha también sigue ganando con claridad en Madrid, ya podemos hablar de una Castilla «reserva moral de Occidente». Llama mucho la atención Aragón y especialmente Zaragoza que, tanto en las de mayo como en las europeas, había votado con bastante intensidad a la izquierda.
Voto a Podemos + IU
Voto socialista vs. Podemos+IU
Dentro de la zona roja del primer mapa (izquierdas vs. derechas), hay una subdivisión en territorios donde predomina el voto sociata y aquellos en los que el PSOE es superado por Podemos y sus aliados (entre los que, por el momento, cuento a IU). La división es muy clara y queda ejemplificada en la diferencia entre el País Valenciano y Extremadura: la penetración de Podemos en esta sigue siendo mínima, mientras que la alianza con Compromís hace que supere con holgura al PSOE en las provincias levantinas.

Hay un predominio socialista generalizado en sus comunidades tradicionales (Castilla la Mancha y Andalucía) y mucha paridad (lo que lleva implícito un tímido avance de Podemos) en las regiones más fachas: Castilla y León, Murcia, Cantabria, La Rioja...

Las izquierdas alternativas, por el contrario, desplazan sistemáticamente al PSOE en los territorios más centrífugos: Canarias, Países Catalanes, Galicia y Euskal Herria. A nadie se le escapa que buena parte del voto obtenido en esas comunidades —especialmente en Cataluña y el País Vasco— es un voto «prestado». Así lo atestigua el hecho de que (Barcelona aparte) En Comú no haya menguado votos sociatas y haya engordado, por el contrario, con votantes de las CUP. Y el hecho de que lo mismo haya pasado en el País Vasco, donde el votante abertzale de izquierdas ha considerado más útil votar en esta ocasión a Podemos, antes que a Bildu. No es que sea imposible consolidar al menos parte de este voto pero desde luego dependerá mucho de lo que haga Podemos a partir de ahora.

Como casos aparte cabe mencionar a Asturias, Madrid y Almería, territorios en los que la debacle de los socialistas se debe más a méritos propios que a los de la izquierda. Lamentablemente en los dos últimos casos el voto socialista no ha sido absorbido por Podemos con la intensidad necesaria y el vacío creado está beneficiando a la derecha.

Queda claro también que, como ya se vio en las municipales, el avance de las izquierdas frente al PSOE se produce en las grandes ciudades, frente a las zonas más rurales (con la notable excepción de Sevilla). El Partido Socialista hace valer el poder caciquil en esos territorios y, dado que por el momento lo consigue hacer con éxito, podríamos estar asistiendo a un nuevo eje, hasta ahora electoralmente irrelevante en España: el eje campo-ciudad.


Por último quise estimar de alguna forma el «valor añadido» que ha supuesto la irrupción de Podemos, para lo cual he calculado la ratio del voto a Podemos+IU sobre el voto a IU en 2011 (Iniciativa+IU, Compromís+IU, CHA+IU, en sus casos).

El crecimiento del voto a izquierdas a la izquierda del PSOE es autoevidente: se multiplica por 4 a nivel de Estado y por 3 incluso en las provincias en las que menos.

Las comunidades en las que se ha producido la confluencia (Galicia, Cataluña, Comunidad Valenciana) están entre las que registran los incrementos más importantes. Sin embargo, no son las únicas: por ejemplo, Baleares, las provincias vascas y Canarias también registran incrementos muy importantes sin que medie confluencia.

Dejando aparte el impacto que tiene en los escaños (que es netamente positivo por el sistema electoral español), es difícil estimar la influencia real de la confluencia en los votos, dado que se solapa con el efecto del voto independentista prestado que se comentaba antes.

En general, la aparición de Podemos ha supuesto un crecimiento superior para las izquierdas allí donde IU ya se encontraba muy deteriorada o incluso prácticamente desaparecida (como en el País Vasco o en Galicia). Por el contrario, en los territorios en que ya se partía de un nivel importante, como Asturias, la provincia de Valencia o la de Zaragoza, el aumento ha sido más contenido. La excepción más notable sería Catalunya, donde se ha crecido de forma significativa a pesar de que Iniciativa-EUiA ya mantenían una importante presencia.
Izquierdas vs. Derechas en los distritos de Madrid
En la ciudad de Madrid no se llevan los tonos pastel. Se observa una fuerte polarización territorial (algo que también caracteriza el mapa estatal): los distritos rojos se hacen más rojos y los distritos azules se hacen mucho (¡pero mucho!) más azules.

Distritos que en otras ocasiones estaban menos decantados, esta vez han votado masivamente a la derecha: en Barajas, al parecer, se han creído que son Chamartin, y peor todavía es la extrema derechización de un barrio popular como es Hortaleza. También llama mucho la atención la contundencia con la que gana la derecha en Arganzuela. Victoria que, junto a la de La Latina, supone un disrupción en la «línea de frente» que suele caracterizar el voto en Madrid al aislar el distrito Centro de los barrios del sur.

La zona roja se hace minoritaria pero, eso sí, también más roja. Los barrios obreros que más han perdido con esta crisis-estafa se definen con más fuerza que en otras ocasiones sobre el mapa: Vicálvaro, Villaverde, Usera, Vallecas (con mi Puente haciendo, como siempre, de faro). Pero especialmente significativo es el caso del distrito Centro, rojo desde hace tiempo, pero más todavía en esta ocasión por la cantidad de población joven atraída por la propuesta de Podemos que vive en él.
Voto a Podemos+IU en distritos de Madrid
Voto socialista vs. Podemos+IU en distritos de Madrid
Estos dos mapas explican muy claramente lo que ha sucedido en Madrid:
1. Hundimiento generalizado del PSOE.
2. Podemos+IU obtienen un porcentaje nada desdeñable de votos en todos los distritos salvo en los tres más pijos: Salamanca, Chambería y, sobre todo, Chamartín.
3. Sin embargo, aunque resultados de Podemos+IU no son pobres, la capitalización del hundimiento del PSOE es, en la zona azul, insuficiente: los antiguos votos socialistas van a parar a Ciudadanos, engrosando el dominio de la derecha en esos barrios.
Es paradigmático el caso de Arganzuela: uno de los distritos donde mejores resultados obtiene Podemos+IU y, al mismo tiempo, uno de aquellos en los que la derecha obtiene una contundente victoria. Es lo mismo que ha pasado a nivel de todo Madrid: el PSOE se hunde pero Podemos no llega a sustituirlo.
Y nótese, por cierto, como Puente de Vallecas es faro del voto a izquierdas en general pero en menor medida del voto específico a Podemos+IU que obtienen su mejor resultado en el distrito Centro con una población joven, de nivel educativo elevado, abundancia de profesionales e histórica presencia de movimientos sociales.
Auento de voto Podemos+IU 2015 sobre IU 2011 en distritos de Madrid
Por último, constatar que el voto a Podemos+IU se ha multiplicado, en comparación con el voto a IU en 2011, en consonancia con la media estatal y de forma extraordinariamente homogénea, por 4 en todos los distritos (salvo en Tetuán donde se multiplica por 5).

jueves, 3 de septiembre de 2015

Кто пишет?

Кто пишет?

В наше время пишет любой, кому не лень. Поэтому вопрос стоит не столько о том, кто пишет, сколько о том, кому не лень и, в частности, кого читают и почему.

Но раньше —и чем дальше в Истории, тем острее— стоял вопрос именно о том, кто пишет: кто вообще умеет написать что-то длиннее своего имени.

В Средневековье письмо было уделом клира, некоей своеобразной профессиональной тайной. И так как никто не подозревал, что этому суждено будет измениться, писали они для самих себя, то есть, клип настоящего писал для клира будущего.

С рационализацией всё стало меняться: элиты осознали пользу письменности, научились писать аристократы и городские буржуа. По мере того, как обострялся «социальный вопрос», у неоторых из них (буржуа, как К. Маркс, или аристократов, как Л. Толстой) проснулась совесть и они оставили для потомства описания того, как жили в их время те, кто не умели писать. Но подавляющее большинство описывали лишь то, что им было доступно с их классовой точки зрения. Так и дошла до нас та прекрасная картина 19 в., эдакая «бель эпок», полная изящных дам и лихих кавалеров, героев и приключений, почти без эпидемий, почти без голода, без сплошной детской смертности, без 18-часового труда и без нищеты.

Любопытный парадокс случился в переломную эпоху, когда советское государство признало универсальность права на грамотность и вложило огромные ресурсы в то, чтобы реализовать его. Позже многие из тех, кто пробились в писатели (а то и писать-то научились) благодаря советской системе, занялись поношением ее. Режим создал своих палачей. Вот так-с.

Для адекватного восприятия какого-либо чтива всегда приходится учитывать множество внетекстовых элементов. Но в особенности, если вследствие начитанности начинает вырисовываться некий образ определенной эпохи, стоит задаться вопросом — кто вообще тогда мог писать. И еще — что бы написал тот, кто писать не мог.

viernes, 15 de mayo de 2015

Es la política, estúpido

Anoche tuvimos que ir a urgencias por una posible complicación del embarazo. Al final, falsa alarma, no era nada. El mal rato, sin embargo, lo pasamos. Ansiedad por la salud de la mamá, ansiedad por la salud del feto, ansiedad por no saber qué hacer mientras tanto con la otra niña, ansiedad por la falta de indicaciones concretas de los médicos, ansiedad por tener que trabajar a la mañana siguiente...

Pero al menos no experimentamos la ansiedad de tener que decidir si nos podíamos permitir ir al hospital o no. No quiero ni imaginar lo que habría sido tener que pensar, en medio de una crisis de ese tipo, en el dinero. Es asqueroso, con todas las letras, que haya países (tan ricos como Estados Unidos, por ejemplo) donde a la gente se le fuerce a hacer cuentas hasta que, quizá, ya resulta demasiado tarde. No permitamos que aquí se salgan con la suya quienes nos quieren llevar al mismo punto. Vayan de conservadores o de liberales, de azulitos o de naranjitos...

«¡Tú lo llevas todo a la política!»

Pues claro. Es que, parafraseando a aquel ilustre personaje: «Es la política, estúpido.» Toda nuestra vida, desde antes de nacer, está marcada por decisiones políticas.

domingo, 8 de marzo de 2015

С 8 марта. С днем памяти и борьбы! | Feliz Día de la Mujer Trabajadora!


8 марта — день женщин, которые 8 марта далекого 1857 года вышли на улицы с требованием 10-часового рабочего дня и заработной платы наравне с мужчинами.
А не тех, которые в тот день остались дома варить супчик муженьку.
День женщин, которые в марте 1911 года бились за право избирать.
А не тех, которые смотрели на них со смесью ненависти и презренья, за то, что они вели себя не как подобает барышням.
8 марта — день тех, которые кровью, слезами и потом добились того, что женщина оставила свой многовековой статус домашнего животного. Того, что женщина сегодня — Человек.
А не тех, которые думают что никому ничего не должны, не знают и знать не хотят кто боролся за то, что у них есть.
День женщин, которые и нас, мужчин, сделали свободнее, потому что открыли нам глаза на то, что никто не имеет права навязывать нам кем и чем мы должны быть.
Не тех, которые довольствуются своим уделом.
Я вас ценю, люблю и уважаю — солидарных, гордых, веселых, свободных. Желаю вам такими оставаться, никогда не сдаваться и подавать пример женщинам и мужчинам грядущих поколений.
С 8 марта!
8 de marzo siempre ha sido y será el día de aquellas mujeres que el 8 de marzo de 1857 salieron a las calles para exigir una jornada laboral de 10 horas y un salaro igual al de los hombres.
No de aquellas que se quedaron en casa a hacer la cena a sus maridos.
El día de las mujeres que en marzo de 1911 luchaban por el derecho al sufragio femenino.
No el de las que las miraban con una mezcla de odio y desprecio por no comportarse como unas señoritas.
8 de marzo es el día de las que, con sangre, lágrimas y sudor, consiguieron que la mujer abandonara su secular condición de animal doméstico.
No de las que piensan que no deben nada a nadie, las que no saben ni quieren saber nada de quién y cuándo luchó por sus derechos.
Es el día de esas mujeres que también nos han hecho más libres a los hombres, porque nos hicieron ver que somos libres de ser lo que queramos, independientemente de las convenciones sociales.
No de las que se conforman con su suerte.
Os aprecio, os quiero y os respeto: a las solidarias y orgullosas, a las que vivís en alegría y libertad. Que sigáis así, que nunca os rindáis y que sigáis dando ejemplo a los hombres y mujeres de las generaciones venideras.
¡Feliz Día de la Mujer Trabajadora!