jueves, 18 de marzo de 2010
lunes, 8 de marzo de 2010
Feliz día de la Mujer Trabajadora
Felicidades a todas, compañeras. Y una patada en los cojones a todos los mierdas que quisieran veros recluidas en casa, a los que se aprovechan de vuestra buena fe, a los que os agreden porque pueden, a los que os insultan si se os acaba la paciencia y les respondéis, o a los que simplemente van de machotes y pichabravas por la vida. Que no sólo los hay en Afganistán.
Las mujeres, ni putas ni vírgenes. Muerte al patriarcado.
Las mujeres, ni putas ni vírgenes. Muerte al patriarcado.
jueves, 25 de febrero de 2010
El vicio antropológico
Todas las disciplinas sociales tienen sus vicios característicos. La obsesión de ciertos sociólogos con cálculos numéricos imposibles, la ficción del individuo racional-individualista de los economistas liberales, la incapacidad para salir de la casuística de algunos historiadores… son sólo algunos ejemplos. El vicio más típico de la Antropología es, sin duda, el sesgo culturalista: la negación (o subestimación) de otros factores en beneficio del peso del relato ideológico. Como si las dinámicas sociales no fueran más que un juego de constructos ideales.
Esta tendencia, en ocasiones, puede llevar tan lejos que el antropólogo que estudia textos “sagrados” acaba saltando la línea que separa la ciencia social de la teología.
No cabe la menor duda de que el análisis de las biblias, coranes y talmudes es fundamental para entender la sociedad de la época en la que fueron escritos, y también, por supuesto, para tener un cuadro completo de cómo se conforma el presente. Pero a veces los antropólogos se han dedicado a interpretar la letra de dichos libros no con el fin de comprender una sociedad (histórica o actual), sino con el de contrastar su mensaje con las interpretaciones en vigor. Su objetivo se desplaza de forma sutil, en la mayoría de los casos inconsciente, del conocimiento de realidades científicas, a la búsqueda del sentido “auténtico” o “verdadero”, de la palabra "divina".
A
sí sucede con “El islam sin velo” de Nazanín Amirian y Martha Zein. Un libro de divulgación antropológica, rico y riguroso en las informaciones que aporta, y que persigue el muy loable fin de desmentir los prejuicios existentes contra el mal llamado “mundo islámico”. Pero también es verdad que por momentos se recrea en la interpretación de los versículos coránicos o bíblicos. Si bien su perspectiva general es laica, parece, sin embargo, en ocasiones, que está discutiendo con algún erudito islámico sobre lo que realmente quiso decir Mahoma sobre uno u otro asunto. Pero lo relevante para el análisis social no es tanto lo que quiso realmente decir el fundador de X religión sino cómo lo interpretan los agentes sociales que hablan en su nombre. Lo otro pertenece al ámbito teológico y no debería interesar a científicos sociales, sino a imanes, curas y rabinos.
Este afán por mezclar ciencia y teología se puede ilustrar también con las aportaciones de las teólogas cristianas feministas (no necesariamente, pero sí con frecuencia, antropólogas). Escudriñan incansablemente los textos cristianos de referencia, así como el patrimonio iconográfico del cristianismo, para encontrar pruebas de que su religión no es tan machista en su esencia y raíz, como lo ha llegado a parecer. (Un propósito más que inútil, desde mi punto de vista.)
Es interesante descubrir los vaivenes históricos del machismo cristiano. En ese sentido, sus trabajos tienen un gran valor para las ciencias sociales. Pero lo que debería ser absolutamente irrelevante para un científico es lo que un supuesto dios presuntamente quiso decir. Lo que los curas realmente piensan y hacen, eso sí es importante. Pero entrar en su juego y discutir sus historias como presumiendo que tienen algún valor cognitivo no es tarea científica. El debate sobre las orientaciones bíblicas y eclesiásticas es –llamemos simplemente las cosas por su nombre –teología.
Esta tendencia, en ocasiones, puede llevar tan lejos que el antropólogo que estudia textos “sagrados” acaba saltando la línea que separa la ciencia social de la teología.
No cabe la menor duda de que el análisis de las biblias, coranes y talmudes es fundamental para entender la sociedad de la época en la que fueron escritos, y también, por supuesto, para tener un cuadro completo de cómo se conforma el presente. Pero a veces los antropólogos se han dedicado a interpretar la letra de dichos libros no con el fin de comprender una sociedad (histórica o actual), sino con el de contrastar su mensaje con las interpretaciones en vigor. Su objetivo se desplaza de forma sutil, en la mayoría de los casos inconsciente, del conocimiento de realidades científicas, a la búsqueda del sentido “auténtico” o “verdadero”, de la palabra "divina".
A
Este afán por mezclar ciencia y teología se puede ilustrar también con las aportaciones de las teólogas cristianas feministas (no necesariamente, pero sí con frecuencia, antropólogas). Escudriñan incansablemente los textos cristianos de referencia, así como el patrimonio iconográfico del cristianismo, para encontrar pruebas de que su religión no es tan machista en su esencia y raíz, como lo ha llegado a parecer. (Un propósito más que inútil, desde mi punto de vista.)
Es interesante descubrir los vaivenes históricos del machismo cristiano. En ese sentido, sus trabajos tienen un gran valor para las ciencias sociales. Pero lo que debería ser absolutamente irrelevante para un científico es lo que un supuesto dios presuntamente quiso decir. Lo que los curas realmente piensan y hacen, eso sí es importante. Pero entrar en su juego y discutir sus historias como presumiendo que tienen algún valor cognitivo no es tarea científica. El debate sobre las orientaciones bíblicas y eclesiásticas es –llamemos simplemente las cosas por su nombre –teología.
miércoles, 17 de febrero de 2010
Social tips
"Una clase de hombres [...] que tienen generalmente un interés en engañar e incluso oprimir a la comunidad, y que de hecho han engañado y oprimido en numerosas ocasiones." Adam Smith (Con este "homenaje" a los empresarios pone punto final al Libro Primero de "La riqueza de las naciones" el fundador de la ciencia económica.)
Parece que en EE.UU. hay parejas que recurren al DPI (diagnóstico preimplantacional) para elegir un embrión portador de su anomalía, como el enanismo o la sordera, con el fin de que su futuro hijo... ¡comparta con ellos esta condición! Investigadores de la Universidad John Hopkins señalan que estas peticiones son aceptadas por el 3% de los centros DPI estadounidenses. ¿Soy el único a quien esto le parece una burrada?Como, total, esto no lo lee ni dios, convoco un referéndum no vinculante para cambiar el nombre del blog a "EL ANO LISTO VALLECANO"
A FAVOR!!!! 9
NO, TAMPOCO ES UN ANO TAN LISTO... 6
domingo, 14 de febrero de 2010
Los atracones del capitalismo
En 1871 termina la guerra franco-prusiana provocada por la política imperial de Napoleón III y las estrategias bismarckianas. Finaliza con una contundente victoria germana y la firma del Tratado de Fráncfort en virtud del cual surge un nuevo estado-nación en Europa, Alemania. Además Francia es sometida a unas condiciones económicas draconianas: 5.000 millones francos a pagar en tres años. Con un esfuerzo monumental, los franceses consiguen liquidar la deuda antes del plazo estipulado y las tropas alemanas se retiran del país en 1873.
Para Alemania, además de la reunificación, la victoria significó una imponente inyección de liquidez. Los bancos alemanes absorbieron los 5.000 millones de francos de indemnización y eso sin contar las remesas procedentes del saqueo que durante más de dos años practicaron las fuerzas de ocupación en casi un tercio del país. Para la economía alemana fue un salto cualitativo. La explosión industrial de Alemania, que ya se estaba perfilando con la expansión de la producción bélica, consagró al Primer Reich como una de las grandes potencias del continente europeo.
629.000 franceses y 270.000 alemanes (entre soldados y civiles) murieron. La gran burguesía emergente en Alemania se cebó, pues, a base de sangre, mutilación, humillación y lágrimas. Hasta aquí nada sorprendente. Las víctimas del bando enemigo suelen importunar muy poco y las vidas de los soldados propios tampoco valen mucho, dados los estratos sociales de los que proceden.
Más que la insensibilidad y la avaricia de los financieros e industriales me llama la atención otra cosa. A la expansión económica le siguió una resaca brutal. La barra libre que se permitió el capitalismo alemán a costa de Francia le repitió violentamente con la crisis financiera de 1873. Las bolsas se descapitalizaron, los ciudadanos retiraron sus ahorros. Grandes masas desempleadas recién inmigradas a las ciudades, estancamiento y retroceso...
¿Qué recetas propuso entonces el gran capital a la crisis?
¿Un modelo más sostenible de crecimiento? Y qué más... Todos a una alzaron la voz por una expansión colonial de Alemania... Es decir, la guerra no había sido el problema. El problema era que no había habido suficiente guerra. ¿Que no quieres caldo? Toma dos tazas.
El resto de la historia ya se sabe: efectivamente Alemania se incorporó a la carrera colonial con Guillermo II, el colonialismo llevó el expolio y la esclavización a prácticamente todos los rincones del planeta, causó las dos guerras mundiales y finalmente, cuando el modelo de dominio territorial ya no daba más de sí, colapsó en los años 60 y 70 del siglo XX.
Y es que éste es precisamente el modus operandi del capitalismo. El capitalista intenta obsesivamente encarnar la ficción del individuo aislado y racional del liberalismo. Es lo que hace de él un ser miope, sólo capaz de buscar la maximización del beneficio monetario y además hacerlo al plazo más corto posible. Para ese proyecto necesita ampliar indefinidamente sus posibilidades de acumulación. No le importan las crisis bélicas, sociales, ecológicas o financieras en las que esa carrera demencial siempre desemboca. Porque para cuando sobrevienen, él ya ha recogido los beneficios.
Es lo que se llama una estrategia de "socialización del riesgo - privatización del beneficio".
La historia siempre se repite. Y la actual crisis no es diferente. Desde hace 30 años asistimos a una merma progresiva de derechos laborales y a un lento pero real desmantelamiento del Estado de bienestar. No se trata, efectivamente, sino de otra ofensiva del interés capitalista que, al igual que obligaba a gastar dinero público en expandir los imperios coloniales, avanza en esta ocasión sobre los derechos laborales y las ventajas sociales. Abaratamiento del despido, privatización de la educación, desregulación de los mafiosos mercados financieros... son ejemplos de tendencias que, aún siendo de naturaleza diferente, tienen en común el abrir nuevos espacios a la acumulación del capital. Al igual que en la época colonial, importan muy poco sus consecuencias reales.
Hoy, como ayer, la lógica del capitalismo nos impulsa sin cesar hacia la destrucción y el agotamiento. No entra dentro de esta lógica preguntarse "¿y luego qué?" A la crisis del turno respondemos con más privatizaciones, con más desregulaciones. Y cuando éstas causen nuevas crisis, diremos que es que no se ha privatizado y desregulado lo bastante.
Los alemanes del s. XIX no se preguntaban sobre lo que pasaría cuando el mundo entero estuviese colonizado. E igualmente no nos preguntamos ahora sobre lo que pasará cuando todo ya esté privatizado, cuando ya no quede nada por desregular. ¿Que no quieres caldo? ¡Toma dos tazas!
Para Alemania, además de la reunificación, la victoria significó una imponente inyección de liquidez. Los bancos alemanes absorbieron los 5.000 millones de francos de indemnización y eso sin contar las remesas procedentes del saqueo que durante más de dos años practicaron las fuerzas de ocupación en casi un tercio del país. Para la economía alemana fue un salto cualitativo. La explosión industrial de Alemania, que ya se estaba perfilando con la expansión de la producción bélica, consagró al Primer Reich como una de las grandes potencias del continente europeo.
629.000 franceses y 270.000 alemanes (entre soldados y civiles) murieron. La gran burguesía emergente en Alemania se cebó, pues, a base de sangre, mutilación, humillación y lágrimas. Hasta aquí nada sorprendente. Las víctimas del bando enemigo suelen importunar muy poco y las vidas de los soldados propios tampoco valen mucho, dados los estratos sociales de los que proceden.
Más que la insensibilidad y la avaricia de los financieros e industriales me llama la atención otra cosa. A la expansión económica le siguió una resaca brutal. La barra libre que se permitió el capitalismo alemán a costa de Francia le repitió violentamente con la crisis financiera de 1873. Las bolsas se descapitalizaron, los ciudadanos retiraron sus ahorros. Grandes masas desempleadas recién inmigradas a las ciudades, estancamiento y retroceso...
¿Qué recetas propuso entonces el gran capital a la crisis?
¿Un modelo más sostenible de crecimiento? Y qué más... Todos a una alzaron la voz por una expansión colonial de Alemania... Es decir, la guerra no había sido el problema. El problema era que no había habido suficiente guerra. ¿Que no quieres caldo? Toma dos tazas.
El resto de la historia ya se sabe: efectivamente Alemania se incorporó a la carrera colonial con Guillermo II, el colonialismo llevó el expolio y la esclavización a prácticamente todos los rincones del planeta, causó las dos guerras mundiales y finalmente, cuando el modelo de dominio territorial ya no daba más de sí, colapsó en los años 60 y 70 del siglo XX.
Y es que éste es precisamente el modus operandi del capitalismo. El capitalista intenta obsesivamente encarnar la ficción del individuo aislado y racional del liberalismo. Es lo que hace de él un ser miope, sólo capaz de buscar la maximización del beneficio monetario y además hacerlo al plazo más corto posible. Para ese proyecto necesita ampliar indefinidamente sus posibilidades de acumulación. No le importan las crisis bélicas, sociales, ecológicas o financieras en las que esa carrera demencial siempre desemboca. Porque para cuando sobrevienen, él ya ha recogido los beneficios.
Es lo que se llama una estrategia de "socialización del riesgo - privatización del beneficio".
La historia siempre se repite. Y la actual crisis no es diferente. Desde hace 30 años asistimos a una merma progresiva de derechos laborales y a un lento pero real desmantelamiento del Estado de bienestar. No se trata, efectivamente, sino de otra ofensiva del interés capitalista que, al igual que obligaba a gastar dinero público en expandir los imperios coloniales, avanza en esta ocasión sobre los derechos laborales y las ventajas sociales. Abaratamiento del despido, privatización de la educación, desregulación de los mafiosos mercados financieros... son ejemplos de tendencias que, aún siendo de naturaleza diferente, tienen en común el abrir nuevos espacios a la acumulación del capital. Al igual que en la época colonial, importan muy poco sus consecuencias reales.
Hoy, como ayer, la lógica del capitalismo nos impulsa sin cesar hacia la destrucción y el agotamiento. No entra dentro de esta lógica preguntarse "¿y luego qué?" A la crisis del turno respondemos con más privatizaciones, con más desregulaciones. Y cuando éstas causen nuevas crisis, diremos que es que no se ha privatizado y desregulado lo bastante.
Los alemanes del s. XIX no se preguntaban sobre lo que pasaría cuando el mundo entero estuviese colonizado. E igualmente no nos preguntamos ahora sobre lo que pasará cuando todo ya esté privatizado, cuando ya no quede nada por desregular. ¿Que no quieres caldo? ¡Toma dos tazas!
viernes, 5 de febrero de 2010
El cine bélico evoluciona (no necesariamente para mejor)
Hubo un tiempo en el que la mayor parte de las películas sobre la guerra eran, al mismo tiempo, películas históricas. El conflicto armado concreto estructuraba el argumento de la película. Importaba contar una historia de una forma, a veces realista y otras ideológicamente tergiversada, pero siempre contextualizada. He allí el grueso de las películas sobre la II Guerra Mundial, buena parte de los westerns o de los filmes que tratan de la Guerra Civil española.
Pero en algún momento la "historia de la guerra" perdió su importancia y empezó a aparecer cada vez más en las pantallas una "psicología de la guerra". Se podría decir que, al menos en parte, perdió su importancia quién luchaba contra quién y por qué. Emergió una guerra abstracta que pretendía ser una especie de estudio psicológico sobre la naturaleza humana. Esta nueva dimensión humanizó en cierta medida el cine bélico, rescató a los personajes más aplanados del cine más histórico, les dio volumen. Pero por el camino perdió algo fundamental: la razón del conflicto.
En Tierra Hostil (Kathryn Bigelow, 2008), que no deja de parecerme una película recomendable, hace algo que parece a priori imposible: hacer una cinta sólo de acción y reflexión psicológica, depurada de todo lo social o político, sobre un conflicto tan actual, tan real, tan concreto, polémico y politizado, como es la guerra de Iraq.
Obras maestras sobre la guerra de Vietnam -Apocalypse Now (Francis Ford Coppola, 1979), La Chaqueta Metálica (Stanley Kubrick, 1983)- también son más "psicológicas" que "históricas". Enfocan la guerra en tanto que fenómeno psico-social, no acontecimiento histórico particular. Pero si esas dos películas no se olvidan, en el camino, de criticar la guerra, de hacerse preguntas sustanciales como "¿Qué cojones están haciendo nuestras tropas allí?", En Tierra Hostil sí lo hace. En comparación con los clásicos de Coppola y Kubrick, la película de Bigelow profundiza aún más en la neutralidad del cine respecto al conflicto. Y además lo hace, a diferencia de aquellos (que se filmaron años después de la retirada de las tropas yanquis de Vietnam), en plena guerra, cuando el ejército estadounidense sigue ocupando y torturando, tras haber provocado en el caos con su invasión.
Esa asepsia es, en parte, bien comprensible desde un enfoque comercial. Sin mojarse, es más fácil atraer a un público más amplio. Pero, como es bien sabido, aquí, en Iraq y en todas partes, no mojarse significa tomar el lado del más fuerte.
Pero en algún momento la "historia de la guerra" perdió su importancia y empezó a aparecer cada vez más en las pantallas una "psicología de la guerra". Se podría decir que, al menos en parte, perdió su importancia quién luchaba contra quién y por qué. Emergió una guerra abstracta que pretendía ser una especie de estudio psicológico sobre la naturaleza humana. Esta nueva dimensión humanizó en cierta medida el cine bélico, rescató a los personajes más aplanados del cine más histórico, les dio volumen. Pero por el camino perdió algo fundamental: la razón del conflicto.
Obras maestras sobre la guerra de Vietnam -Apocalypse Now (Francis Ford Coppola, 1979), La Chaqueta Metálica (Stanley Kubrick, 1983)- también son más "psicológicas" que "históricas". Enfocan la guerra en tanto que fenómeno psico-social, no acontecimiento histórico particular. Pero si esas dos películas no se olvidan, en el camino, de criticar la guerra, de hacerse preguntas sustanciales como "¿Qué cojones están haciendo nuestras tropas allí?", En Tierra Hostil sí lo hace. En comparación con los clásicos de Coppola y Kubrick, la película de Bigelow profundiza aún más en la neutralidad del cine respecto al conflicto. Y además lo hace, a diferencia de aquellos (que se filmaron años después de la retirada de las tropas yanquis de Vietnam), en plena guerra, cuando el ejército estadounidense sigue ocupando y torturando, tras haber provocado en el caos con su invasión.
Esa asepsia es, en parte, bien comprensible desde un enfoque comercial. Sin mojarse, es más fácil atraer a un público más amplio. Pero, como es bien sabido, aquí, en Iraq y en todas partes, no mojarse significa tomar el lado del más fuerte.
miércoles, 3 de febrero de 2010
Secuestros de palabras
Huelga: deliberada y coordenada interrupción de la actividad laboral por parte de los trabajadores para presionar a sus empleadores.
Cierre patronal: medida de acción directa que consiste en la paralización total o parcial de las actividades de uno o varios establecimientos o actividades económicas, por decisión del empresario o patrón.
Creo que está claro, ¿no? Pues parece que no... Como siempre los medios de comunicación se dedican a moldear los conceptos y los términos a su antojo. Los ejemplos se extienden desde las "huelgas" estudiantiles hasta la "huelga" de transportes de 2008. Pero el más flagrante ha sido el de la "huelga" de los cines catalanes del lunes pasado.
El motivo del conflicto es, en este caso, lo de menos para mí. Lo que me parece inadmisible es que, una vez más, la ignorancia, la negligencia, el afán de sensacionalismo u otro interés inconfesable de los que ejercen la profesión periodística (apenas me atrevo a llamarles periodistas) nos oculte información relevante. Secuestros de palabras que terminan por transformar su significado y nuestra percepción de las noticias.
Cierre patronal: medida de acción directa que consiste en la paralización total o parcial de las actividades de uno o varios establecimientos o actividades económicas, por decisión del empresario o patrón.
Creo que está claro, ¿no? Pues parece que no... Como siempre los medios de comunicación se dedican a moldear los conceptos y los términos a su antojo. Los ejemplos se extienden desde las "huelgas" estudiantiles hasta la "huelga" de transportes de 2008. Pero el más flagrante ha sido el de la "huelga" de los cines catalanes del lunes pasado.
La huelga de exhibidores apagó el 72% de las pantallas catalanas - El PaísPrácticamente ningún medio mencionó la expresión "cierre patronal" (que es lo que fue la supuesta huelga). Y la casi totalidad de los que lo hicieron fue para referirse a las declaraciones del portavoz de Esquerra Republicana. Así, el ABC, por ejemplo, titulaba:
La huelga de cines se calienta - El País
La huelga de cines en Cataluña desata una tormenta política - El Correo
Seguimiento aplastante de la huelga de cines en Cataluña - Intereconomía
Lunes de huelga en los cines de Cataluña - El Público
Arranca la huelga de cines en Cataluña - Diario de Mallorca
Les Gavarres se suman a la huelga de cines pero el Lauren de Reus, no - Diari de Tarragona
Las salas de cine van a la huelga el lunes - La Vanguardia
El cine se pone de huelga en Cataluña - El Diario Vasco
ERC lamenta el "cierre patronal" y asegura que seguirá impulsando la leyCon el grotesco añadido de... ¡entrecomillar "cierre patronal"! Como es evidente, si Ignasi Llorente se hubiera referido a una "huelga", a los maravillosos redactores del ABC no se les hubiera ocurrido entrecomillarlo. ¡El mundo al revés!
El motivo del conflicto es, en este caso, lo de menos para mí. Lo que me parece inadmisible es que, una vez más, la ignorancia, la negligencia, el afán de sensacionalismo u otro interés inconfesable de los que ejercen la profesión periodística (apenas me atrevo a llamarles periodistas) nos oculte información relevante. Secuestros de palabras que terminan por transformar su significado y nuestra percepción de las noticias.
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